Editorial del boletín en línea de la Liga de Unidad Socialista (LUS) correspondiente a diciembres de 2020

Se ha terminado el 2020 y ya se puede decir que ha superado al año 1929 como el año en que se ha producido la peor crisis capitalista de la historia. Pero la gran crisis capitalista de 2020 tiene el agravante con respecto a la de 1929 de haberse combinado con una de las más terribles pandemias sanitarias del Covid-19. Ambas crisis fueron las protagonistas planetarias que aquejaron a una humanidad sufriente, por supuesto afectando en especial a las poblaciones pobres y marginadas de todos los continentes.

Al 2020 le seguirán otros años críticos. La pandemia ha experimentado en los últimos días un nuevo brote que devasta a países que en marzo y abril ya habían sido afectados frontal y crudamente como España, Italia, Francia, Gran Bretaña entre otros. La depresión económica brutal que también devastó a todos los países difícilmente se superará para 2021 con las consiguientes secuelas masivas desastrosas en el desempleo, la precariedad y la expansión de la miseria masivas.

Para hacer el balance de lo ocurrido en este dramático año no es posible eludir la conclusión que el pensamiento y la acción críticas indican de modo contundente e inobjetable: el capitalismo planetario es ya un sistema por completo caduco que sólo puede ofrecer catástrofes cada vez más terribles en estos años de su agonía que se prolongan para desgracia e infortunio de la humanidad.

Lo que ha ocurrido en Estados Unidos (EUA), el poderoso país insignia por antonomasia del capitalismo no puede ser más contundente: es la nación con más víctimas mortales producidas por la pandemia (más de 200 mil), inmerso en su peor crisis política en décadas con morivo de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre, con una población dividida irremediablemente y con la perspectiva que el nuevo gobierno presidido por Joe Biden se enfrentará a grandes obstáculos ante el crecimiento masivo de la oposición representada por el legado viviente de Donald Trump, el trumpismo masivo.

La economía mundial se ha sumergido en una depresión que en algunos países se medirá con un índice negativo de más de dos dígitos y está entrecruzada al mismo tiempo por la exacerbación de las pugnas de las grandes potencias, en especial entre EUA y China. Su recuperación luce muy difícil para 2021 pues, como sucede en la Unión Europea, los desgarramientos anuncian rupturas con efectos devastadores como el Brexit.

La terrible realidad de como el sistema capitalista está contra la vida se hizo patente en la forma en que los gobiernos de la abrumadora mayoría de países enfocaron su lucha contra la pandemia. Todos los gobiernos, y en eso destacó en primerísimo lugar el de Trump en EUA, subordinaron a las exigencias de los negocios capitalistas las necesidades del confinamiento y la asistencia sanitaria vitales para controlar y vencer la pandemia mortífera del Covid-19. La vida de los seres humanos es para el sistema dominante un factor subordinado a la razón de ser del capitalismo que es la consecución de ganancias, de beneficios extraordinarios. El confinamiento obligatorio, entre mayor y efectivo fuera ayudaría al control de la pandemia, pero fue y es desastroso para la economía capitalista, por lo cual no puede ser aceptado por los dueños capitalistas . El escándalo en la producción de la vacuna contra el Covid-19 que protagonizan los grandes monopolios farmacéuticos internacionales en su competencia infame por los megabeneficios que les proporcionará la dicha vacuna, es muestra patente de esa maldición capitalista de subordinar a las ganancias todo lo demás, incluso la salud de los pueblos. Literalmente la pandemia ha puesto en evidencia para que todos lo vean y entiendan que la dominación del capital como expresión del trabajo muerto se sobrepone a la vida de los seres humanos.

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