Sobre las elecciones del 6 de junio

Manuel Aguilar Mora

Hay victorias amargas. Una de ellas es la victoria obradorista del 6 de junio pasado en las elecciones más grandes de la historia de México, elecciones de medio sexenio y realizadas en un momento crucial para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (Amlo). Aunque él mismo no era candidato, de todos modos se sabía que la jornada electoral era una especie de referendo de su presidencia. Con una asistencia cuantitativa mayor a todas las anteriores elecciones de medio término (votaron más de 47 millones) también se superó el índice cualitativo de asistencia con el 51% del padrón electoral (que es de 97 millones). Sin embargo, la victoria de Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) no se pareció ni de lejos al tsunami de la elección presidencial de hace tres años cuando logró más de 32 millones de votos, tsunami que muchos en las filas de los morenos pensaban ilusamente que se podría repetir. Con mucho menos votos que hace tres años Morena enfrentará la segunda parte del sexenio de Amlo en condiciones no tan favorables pues para conservar su mayoría en la Cámara de diputados depende de sus nada confiables aliados el Partido del Trabajo (que logró apenas superar el 3% de la votación) y sobre todo del Partido Verde que sí salió muy fortalecido con más de cuarenta diputados, los cuales subastará en el mercado parlamentario en busca de la mejor postura. Por tanto, como decimos son condiciones profundamente contradictorias y hasta desfavorables en las que triunfos indudables se combinan con procesos que anuncian ya la decadencia y el fracaso. Por eso la victoria obradorista del pasado 6 de junio tiene un claro sabor amargo.

Las victorias

La coalición con la que se presentó el partido del presidente el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena)  junto con los otros dos partidos (el Partido Verde y el Partido del Trabajo) resultó triunfadora con poco más del 42% del total de votos. La oposición que se presentó también en una coalición agrupó al PRI y al PAN (el PRIAN) y junto a ellos muy disminuido al PRD, coalición que recogió cerca del 40% de los votos.

El mayor triunfo del oficialismo obradorista es la conquista de 11 de las 15 gubernaturas de los estados en disputa. Entre ellas las cuatro entidades federativas estratégicamente importantes del noroeste a saber las de los dos estados que integran la península de Baja California, Sonora y Sinaloa, una región determinante en la que el reinado del narco es bien conocido, con el cual el gobierno de Amlo ha ensayado una nueva estrategia de no enfrentarlo directamente con las fuerzas militares (“abrazos no balazos”) con el objetivo de evitar lo más posible los encuentros violentos y sangrientos, lo que en la práctica no se ha logrado conseguir del todo ni mucho menos.

Este triunfo pinta de morado muchas extensiones del norte, centro y sur del país que hace tres años eran tricolores, azules e incluso algunos manchones amarillos. Se trata de que han pasado a ser gobernados directamente por Morena cerca de 18 millones de habitantes de esos once estados ganados. Los cuales se deben añadir a los otros estados que ya estaban gobernados por Morena, sumando en total 18, más de la mitad del total de la República. Un dato destaca como consecuencia de estos hechos, el PRI ha sido eliminado de todas las gubernaturas de las entidades federativas.

A pesar de que la asistencia a estas elecciones intermedias fue del 51% constituyendo un record, tampoco es posible eludir el hecho que en realidad ante la gravedad de la situación política por la que se adentra cada vez más aceleradamente el país, de todas maneras fue insuficiente la participación ciudadana. Del padrón electoral de 96 millones votó menos de la mitad y teniendo en cuenta la votación que le correspondió a Morena podremos concluir que sólo una quinta parte de ese electorado potencial apoya al partido del presidente. Una encuesta daría como resultado que una fracción mayor apoya a Amlo, pero no obstante debe ser preocupante para él la situación de su partido  que precisamente antes, durante y en estos días posteriores a las elecciones está mostrando las profundas divisiones que lo atraviesan y que anuncian tiempos tempestuosos en sus filas, por supuesto incluso rupturas.

Un primer rápido balance de estas victorias morenas en el territorio nacional señala que ciertamente hubo un avance para este partido en comparación a su situación de hace tres años, avance que también es necesario poner en contexto para evaluarlo correctamente. Muchas de estas victorias fueron conseguidas a costa de conflictos en el seno de las filas morenistas debido a una operación política cínica y descuidada del presidente del partido Mario Delgado quien, por ejemplo en San Luis Potosí, públicamente apoyó a un candidato a gobernador diferente al morenista. En Sonora también hubieron fuertes conflictos entre los morenistas locales que neutralizaron al partido y determinaron que la principal ciudad del estado, la capital Hermosillo quedara en poder del PRI.

Las campañas electorales se vieron manchadas por la violencia, ejemplificada sangrientamente por el asesinato de varios candidatos y precandidatos. Hubo afortunadamente muchos observadores ciudadanos nacionales y extranjeros. La información que han publicado de sus actividades no deja lugar a dudas sobre los obstáculos y limitaciones que impidieron la limpieza democrática de los comicios, escandalosamente demostrada en los territorios dominados por la delincuencia organizada. La aplastante victoria de cerca del 70 % de la votación en Sinaloa, el estado sede del cártel del Chapo Guzmán, se debió en gran medida a la intervención de los esbirros de las bandas de delincuentes en su lucha por mantener su poder sobre el estado. El día de las elecciones operaron descaradamente en favor del candidato postulado por Morena y el PAS (Partido Sinaloense) Rubén Rocha Moya. Secuestrando a funcionarios y candidatos del PRI, amenazando a la ciudadanía con mensajes en las redes y otros medios como éste ”Si no gana Rocha los vamos a matar a todos” tal y como lo narra un valiente periodista de Culiacán Ismael Bojórquez. (Citado por Julio Hernández López en su columna “Astillero”, La Jornada, 17.06.2021.)

Todas estas victorias acrecientan la influencia del obradorismo en todo el territorio nacional pero no lo convierten en el partido avasalladoramente dominante. Por ejemplo, en las poblaciones de las grandes ciudades está lejos de serlo. En las capitales de los tres estados más populosos del país Toluca del Estado de México, Guadalajara de Jalisco y Monterrey de Nuevo León Morena es minoritaria.  

El desastre en la Ciudad de México

Mas el acontecimiento político que cimbró al poder morenista emitiendo ondas que han pronunciado las tendencias intransigentes de un Amlo más autoritario y combativo que lo habitual, es lo sucedido en la Ciudad de México, la cual desde hace 25 años es el origen y el centro del fortalecimiento masivo de la corriente de izquierda institucional encabezada primeramente por Cuauhtémoc Cárdenas y después por el propio Amlo.

Los resultados de las elecciones del 6 de junio mostraron una ciudad dividida en dos mitades prácticamente iguales: la oriental y la poniente. La oriental votando por Morena y la poniente votando por la oposición: de las 15 alcaldías (antes delegaciones) 8 derrotaron a los candidatos morenistas y 7 permanecieron fieles al oficialismo.

Enfocando con más detalle se puede agregar que en el cinturón oriental sede de las concentraciones proletarias más densas el obradorismo logró conservar las alcaldías con los índices mayores de pobreza (Iztapalapa, Iztacalco, Tláhuac y Venustiano Carranza) y la norteña Gustavo A. Madero, aunque ésta  enfrentando una competencia mayor. Competencia que estuvo a punto de arrancarle en el sur Xochimilco que finalmente quedó morenista. Del otro lado, las pérdidas del obradorismo fueron notables en los asentamientos proletarios también populosos de las alcaldías de Álvaro Obregón, Azcapozalco, Coyoacán, Magdalena Contreras y Tlalpan que incluyen también la mayorá de los barrios clasemedieros de la ciudad. Las derrotas obradoristas fueron más evidentes en las alcaldías más “clasemedieras” como Benito Juárez y Miguel Hidalgo. Como desastrosa puede considerarse para los morenos la pérdida de la alcaldía Cuauhtémoc, sede de los centros más importantes políticos, culturales y financieros del país.

Los asentamientos de la Ciudad de México tienen características demográficas particulares pero todos sus espacios están atravesados por las diferencias clasistas, más o menos profundas pero existentes en todo su territorio. El obradorismo, comenzando por el mismo Amlo, ha intentado explicar su derrota definiendo a la parte oriental de la ciudad como la pobre, la “buena” y la poniente como la parte “egoísta, racista, aspiracionista, clasemediera e individualista” lo cual es profundamente falso y antes de estas elecciones no se consideraban así a las alcaldías del poniente pues la mayoría estaban bajo el control morenista. Ha sido tan escandalosa esta actitud que ha provocado diferencias y réplicas incluso públicas de altos dirigentes de Morena con el mismo presidente. Es el caso de Ricardo Monreal, jefe del Senado, quien sin pelos en la lengua respondió a Amlo recordándole que la clase media había sido un factor clave del triunfo moreno en 2018 y aceptando que de hecho él se identificaba con el sector clasemediero. (El Universal, 16.06.2021). La pifia obradorista ha tenido una secuela de polémicas e impugnaciones de ese discurso de los “pobres votan por Morena” y “los clase medieros votan contra Morena”. Tanto al nivel de los analistas especialistas en demografía como las encuestas periodísticas contradicen esa versión. Julio Boltvinik señala explícitamente que la conclusión de ciertos sectores de la opinión pública de lo  ocurrido en la Ciudad de México de que un sector “pobre” vota por Morena y un sector “no pobre” vota contra Morena al nivel nacional no ocurrió. (“Economía moral”, en La Jornada, 18.06.2021). Y Enrique Galván Ochoa en su columna “Dinero” siempre favorable a Amlo, en esta ocasión la encuesta que frecuentemente hace entre sus lectores fue notoriamente contraria a los dichos del presidente cuando un 83% de los encuestados se  declararon favorables a un México de clase media contra un 9% a un país de gente pobre (el resto “no sabía”). (Ibidem).

 El balance de lo sucedido en la Ciudad de México es por completo desfavorable para Morena. Teniendo en cuenta que los acontecimientos en esta ciudad marcan muchas veces lo que ocurrirá a nivel nacional, la derrota morenista anuncia una tendencia nada propicia para su próximo futuro. En el asentamiento demográfico en donde se concentra la masa de trabajadores y trabajadoras con mucho mayor del país que ha determinado en gran medida la evolución política nacional y lo seguirá haciendo, se ha fracturado uno de los sectores clave del dominio obradorista.

La resurrección del PRIAN

Después de tres años de estar borrados (y en especial en la Ciudad de México) por los resultados de las elecciones del 2018 el PRIAN y en menor medida el PRD volvían triunfantes en el mismo centro de la región que se consideraba inexpugnable, dominio completo del obradorismo. Y no sólo eso, todos los municipios densamente poblados conurbados con la Ciudad de México en la zona poniente (la “azul”) del Estado de México (Tlalnepantla, Naucalpan, Atizapán, los Cuautitlanes, Coacalco, Huitzilucan) también se inclinaron por el PRIAN. Fue como un terremoto político: la zona más poblada del país, el (mal) llamado Valle de México asentamiento de más de 22 millones de habitantes (casi 9 millones de la Ciudad de México y 13 millones del Estado de México) se estremecía electoralmente.

Pero de hecho esta resurrección del PRIAN no se debe tanto a sus méritos y potencial propios sino que se explica ante todo por la errática y desastrosamente fallida política obradorista.

En realidad tales resultados no representaron sorpresa para quienes habían seguido con atención crítica las políticas del obradorismo, en especial precisamente sentidas en esta región, principal centro social, económico y cultural de la república mexicana. 2019 y 2020 fueron años de profundas crisis dominadas primero por la recesión económica que se manifestó desde 2019 y después convertida en una depresión brutal, la peor en más de 90 años, coincidente con la emergencia sanitaria planetaria del Covid-19, cuyo impacto fue muy fuerte en el país. Millones de desempleados, cientos de miles de pymes en bancarrota o de plano liquidadas, millones de personas caídas en la pobreza y la pobreza extrema y ante tal colosal conjunto de crisis un gobierno insensible al sufrimiento y dolor que se apoderó de vastos sectores sociales con la detonación de la pandemia muy torpe e irresponsablemente manejada durante los primeros meses por un sistema de salud pública descuidado e infra financiado. Insensibilidad gubernamental demostrada con la puesta en práctica de una contraindicada política de austeridad y no anticíclica, lo cual pronunció más que amortiguó la ruptura social.

Ha sido igualmente en la Ciudad de México en donde el presidente y el obradorismo recogen las viñas de ira de una población muy descontenta con el gobierno morenista pues durante los tres años de su dominación no se ha producido ningún cambio sustancial en la vida social e incluso han surgido nuevos problemas y conmociones trágicas. De los aspectos sociales más relevantes destaca la persistente e implacable violencia homicida, 2019 y 2020 superan las cotas de homicidios de los años anteriores y en 2021 las tendencias de los feminicidios, de los asesinatos de periodistas y del aterrorizamiento y asesinato de inmigrantes no ceden.

El colapso en la estación Olivos

Pero el hecho conmocionante que en gran medida actuó como el detonante decisivo del gran malestar de la población de la Ciudad de México con los gobiernos de los dos palacios gubernamentales del Zócalo, tanto el nacional como el de la ciudad, fue sin duda el colapso del tren de la Línea 12 del Metro en la estación Olivos el 3 de mayo, casi un mes exacto antes de la fecha de las elecciones.

La importancia fundamental de este hecho para explicar la derrota morena en la Ciudad de México se debe a la secuela de acontecimientos que marcaron y marcarán los próximos meses la vida de la ciudad. El colapso de la línea 12 del Metro, bautizada como la Línea dorada por Marcelo Ebrard quien era el jefe del gobierno de la ciudad cuando se construyó en el periodo de 2008-2012, está siendo el origen de comentarios de todo tipo en la opinión pública, fuertes controversias entre funcionarios, conflictos interburgueses y un descontento masivo de la población. Es un hecho que tuvo un efecto decisivo en la votación del 6 de junio. La pregunta que surge de inmediato es ¿por qué la tragedia ocurrida precisamente entre las estaciones Tezonco y Olivos, en la exacta línea divisoria de las dos alcaldías de Tláhuac e Iztapalapa en el corazón mismo de la zona proletaria del oriente de la ciudad, no se reflejó el 6 de junio con un castigo electoral a Morena en dichas alcaldías?

El desastre que costó 26 muertos y más de cien heridos muchos de ellos de gravedad cayó en plena víspera electoral completamente en el campo obradorista que impidió que el presidente recurriera a su clásica fórmula de que era una herencia de los gobernantes antecesores del PRIAN. Su construcción fue durante el gobierno de Ebrard, Miguel Ángel Mancera su sucesor se encargó de apreciar sus deficiencias y suspendió su servicio durante más de un año y finalmente el colapso tuvo lugar en los días actuales durante la jefatura de gobierno de Claudia Sheinbaum.

Esta Línea 12 ahora popularmente rebautizada como “maldita” será el centro de pugnas políticas ya directamente vinculadas a la sucesión presidencial de 2024 que los resultados electorales del 6 de junio han puesto de relieve debido a que los dos personajes que venían siendo más señalados del entorno presidencial como sus posibles sucesores son precisamente Ebrard y Sheinbaum, quienes son también los más directamente tocados por la tragedia de la estación Olivos.

Ya las comisiones técnicas, incluida una especial noruega contratada por el gobierno de Sheinbaum, que investigan las causas de la ingeniería civil que produjeron el colapso han comenzado a dar sus primeros resultados, los cuales se filtraron al The New York Times que los dio a conocer mundialmente en su edición del 13 de junio.

Se trata de un informe preliminar, una Fase 1 de otras dos que vendrán los próximos meses. Dice que el accidente fue por una falla de origen estructural, deficiencias en procedimientos y tecnologías en la obra; refiriendo detalles del proceso en el anclaje de trabes de diverso origen en calidad y material, pernos Nelson mal colocados, soldaduras mal hechas, uso de diversos tipos de concretos y cuestiones de fallas de construcción inverosímiles. Señala a Marcelo Ebrard como el promotor de la obra que insistía en su rápida construcción para inaugurarla antes del término de su gobierno y a la constructora Carso propiedad de Carlos Slim, el capitalista más rico de México, como la responsable de las fallas de ingeniería a las que se atribuye el desastre.

Apenas un mes transcurrió entre la tragedia del Metro en la estación Olivos y las elecciones. Iztapalapa y Tláhuac, junto con las demás alcaldías del oriente de la ciudad son el origen del apoyo masivo a Amlo desde hace más de dos décadas. El castigo a lo ocurrido el 3 de mayo en la frontera entre Tláhuac e Iztapalapa ya comenzó incluso en estas alcaldías aunque su expresión no ha sido tan evidente como en las alcaldías del poniente. Tardíamente pero con seguridad también se expresará allí contundentemente en la medida que las estelas de la crisis de Morena se desplieguen con toda su fuerza. Y esta crisis ya en pleno desarrollo anuncia rupturas y configuraciones que tendrán consecuencias en la recomposición de las fuerzas de izquierda del país tanto de izquierda la institucional como de la revolucionaria.

La crisis del obradorismo

El cambio político que han provocado estas elecciones se ha sentido de inmediato. Es un cambio profundo, rupturista. Morena sin los aliados no puede apoyar exitosamente a Amlo en sus iniciativas de reformas constitucionales. Y sus aliados no son exactamente confiables. EL Partido del Trabajo, al que no le ha ido bien el 6 de junio, ya ha demostrado en estas mismas elecciones que se puede unir con el PRI si así le conviene. Pero el más dudoso aliado es el Partido Verde, un partido que se ha unido con el mejor postor desde su surgimiento hace treinta años: se ha unido con el PRI, con el gobierno panista de Fox y hoy es el principal aliado con su buena cosecha de diputados, de Amlo quien en 2015 lo definía crudamente como un partido de “juniors, mañosos y corruptos”. Para lograr los 334 votos que necesita para sus objetivos reformistas constitucionales Amlo está dispuesto a cortejar hasta a los priistas que se dejen. Todo es posible en el pantano de los diputados y senadores burgueses y pequeño burgueses que integran las dos cámaras legislativas. Así a la Cuarta Transformación tan grandielocuentemente presentada por Amlo como la heredara de las hazañas épicas de la Reforma de Juárez y la Revolución de 1910 le esperan tiempos prosaicos en los que su destino dependerá no del heroísmo épico de próceres combatientes sino del vulgar mercadeo parlamentario burgués.

Por su parte Amlo también ya está anunciando cuáles son sus objetivos “reformistas”: una reforma electoral para hacerle pagar a los funcionarios del INE las humillaciones a las que sometieron a varios  candidatos frustrados de Morena, la conversión de la Guardia Nacional en un cuerpo militar directamente controlado por el ejército, lo cual ya era un hecho y se quiere “legalizar” y finalmente la tercera  reforma constitucional para detener la completa privatización de la industria eléctrica.

Como se aprecia son aspiraciones muy alejadas de cualquier transformación de régimen, de un objetivo o hazaña de calibre histórico. Sólo anuncian una mayor y peligrosa militarización del país, un retroceso de los derechos electorales y cualquier intento de enfrentarse a los grandes consorcios de la industria eléctrica transnacional sin el apoyo firme y militante de los trabajadores electricistas y de los usuarios populares de la Comisión Federal de Electricidad será una meta absolutamente ilusoria.

Ciudad de México a 19 de junio de 2021

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