El drama ucraniano y la ruleta rusa

Andreu Coll 17 mayo 2022

FUENTE: https://vientosur.info

A la memoria de Alain Krivine

La impotencia en la que uno se encuentra en un momento dado, impotencia que nunca debe considerarse como definitiva, no puede dispensar de permanecer fiel a sí mismo, ni puede excusar la capitulación ante el enemigo, sea cual sea la máscara que adopte. Y el enemigo más importante sigue siendo el aparato administrativo, policial y militar; no el del otro lado, que es nuestro enemigo sólo en la medida en que es enemigo de nuestros hermanos, sino el que dice ser nuestro defensor y nos hace esclavos. En cualquier circunstancia, la peor traición posible es siempre aceptar la subordinación a este aparato y pisotear, para servirlo, en uno mismo y en los demás, todos los valores humanos.

Simone Weil

Réflexions sur la guerre, 1933 (citado en Daniel Bensaïd, Contes et légendes de la guerre éthique,

Ed. Textuel, París, 1999)

Desde hace dos meses y medio Europa está asistiendo a la crisis bélica más grave desde el final de la Segunda Guerra Mundial1/. Muchos años de ascenso del neoliberalismo y de demolición social, de resurgimiento de valores reaccionarios ligados al nacionalismo etnicista o al fanatismo religioso, de nuevo auge del “keynesianismo militar”2/ de las grandes potencias y, último pero no menos importante, de eclipse del imaginario socialista entre las amplias masas ha creado las condiciones sociopolíticas e ideológicas de la tragedia en curso. La invasión criminal, imperialista y atroz que Vladímir Putin inició el pasado 24 de febrero (que pasará a la historia como una de las fechas más siniestras e ignominiosas del mundo contemporáneo, junto al 28 de julio de 1914, el 1 de septiembre de 1939 o el 9 de agosto de 1945) merece la condena y la repulsa unánime de cualquiera que se considere, no ya marxista, antiimperialista y anticapitalista, sino incluso defensor del derecho inalienable de los pueblos a decidir su futuro o de las ideas más elementales de la Ilustración. La posición a adoptar frente a ella debe ser inequívoca: detener la agresión inmediatamente, la retirada de las tropas de la Federación rusa, apoyo a la resistencia (militar y civil) ucraniana contra una agresión imperialista y solidaridad con las víctimas y los refugiados y apoyo no menos decidido a la oposición rusa a la guerra. En mi opinión esta orientación debe ser la base política para la izquierda en general, y la anticapitalista en particular, tanto en Europa como en el mundo. La acción de Putin no es sólo criminal y catastrófica para Ucrania, sino también suicida y extraordinariamente peligrosa para Rusia misma3/, para el conjunto de Europa y para el mundo entero.

Orientarse a pesar de la propaganda

Hay un gran consenso en torno a la idea de que en toda guerra una de las primeras víctimas es la verdad y que, si ya cualquier análisis riguroso en situaciones normales debe ser capaz de penetrar una enorme capa de abstracciones, prejuicios y falsedades que envuelven y ocultan las relaciones sociales capitalistas, en tiempos de guerra el manto de propaganda, falsedades, desinformación, demagogia y exageraciones que acompañan al combate militar obliga a redoblar el esfuerzo por desarrollar la crítica en el sentido del joven Marx: levantar todos los velos que encubren las relaciones sociales que imperan en la sociedad. La propaganda de guerra, la prolongación de las acciones bélicas por otros medios, por parafrasear a Clausewitz, es un arma utilizada por todos los bandos: atacantes y defensores, aliados de los atacantes y aliados de los defensores. Sería sumamente peligroso, pero en mi opinión un reflejo tan funesto como común en la izquierda, adaptarse a la propaganda de cualquiera de los bandos en nombre de la lucha contra la propaganda de sus adversarios. Esta constatación no implica de ningún modo hacer abstracción de que en esta guerra hay agresores y agredidos, sino afirmar que sólo la verdad es revolucionaria y que el deber de solidaridad nunca debe conducir el abandono de un enfoque crítico.

Comprender para actuar… con criterio

En un debate parlamentario acerca del terrorismo celebrado en la Asamblea Nacional francesa a principios de 2016, Manuel Valls pronunció la siguiente frase célebre: “Para estos enemigos [se refiere a Estado Islámico tras los atentados de los días 13 y 14 de noviembre de 2015 en  París] no puede haber explicación que valga, porque explicar ya es un poco querer disculpar”4/. Una afirmación de estas características ilustra perfectamente la utilización ideológica reaccionaria y liberticida del impacto psicológico y la conmoción que provocan situaciones traumáticas para los pueblos5/, como analizó Naomi Klein6/. Es una necesidad política de primer orden impedir que nuestra rabia e impotencia ante el sufrimiento y la destrucción que está provocando esta guerra, nuestro apoyo al pueblo ucraniano y nuestra consternación e indignación ante la muerte de soldados y civiles ucranianos y la no menos trágica muerte de soldados rusos nos conduzca a adaptarnos a la propaganda mediática y gubernamental de los países occidentales y demonizar y caricaturizar al Bonaparte retronacionalista y neopietista de Putin7/ o, peor aún, al pueblo ruso mismo. Como recordaba a menudo Daniel Bensaïd, cuya ausencia notamos tan intensamente en momentos críticos como el actual, “antes de juzgar hay que entender”. Y yo añadiría que para actuar conscientemente todavía es más importante entender, es más, que intentar entender también es empezar a actuar. En estos tiempos de shocks a repetición —securitarios, económicos, climáticos, sanitarios, y ahora bélicos—, también vuelve a ser necesario recordarlo, es inaceptable la inferencia demagógica à la Valls de reducir la comprensión a la justificación. En esta aportación al debate de la izquierda no tengo pretensión alguna de decir ninguna genialidad sino, más modestamente, alertar sobre el peligro de hacer concesiones ideológicas fundamentales ante el ambiente maniqueo que se está creando en muchos países8/, arrojar algo de luz sobre lo que a mi juicio son evidencias geopolíticas e históricas a pesar del ambiente de intimidación intelectual que están creando no pocos políticos9/ y periodistas10/, y recordar que, ante el cambio de época radical que estamos viviendo, en el que habrá que resistir giros inesperados, grandes presiones y trabajo a contracorriente, hacer determinadas afirmaciones, con a mi juicio una alegría y una indolencia pasmosas, puede perseguirnos y minar gravemente nuestra credibilidad política durante años e incluso décadas.

II

Responsabilidades compartidas

Pero muchos demócratas rusos temían también que la expansión de la OTAN dejara a Rusia fuera de Europa, sometida al ostracismo político y considerada indigna de formar parte del marco institucional de la civilización europea. La inseguridad cultural se añadió a los temores políticos, con lo que la expansión de la OTAN pareció la culminación de la vieja política occidental de aislar a Rusia, de dejarla sola en el mundo y vulnerable a sus muchos enemigos. Además, los demócratas rusos no captaron, sencillamente, ni la profundidad del rencor de los centroeuropeos con respecto al medio siglo de dominación de Moscú, ni su deseo de formar parte de un sistema euroatlántico mayor.

Zbigniew Brzezinski, El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos, 1997.

Antes del estallido de la guerra, cuando la presión de Putin consistente en acumular una enorme fuerza de combate junto a las fronteras de Ucrania hacía evidente que algo grave pasaría pero era imposible determinar qué sucedería exactamente, la corriente política en la que milito aprobó, a pesar de no pocas reticencias iniciales, una declaración11/ alertando de que lo que estaba teniendo lugar no era teatro, sino un riesgo de guerra inminente, y ponía el acento en los antecedentes históricos, en el contexto de inestabilidad geoeconómica y geopolítica que presidía las tensiones del momento —haciendo particularmente peligrosa la situación—, en el papel tanto de la reconstrucción del imperialismo ruso como del acorralamiento operado por la OTAN contra Rusia durante treinta años12/ y que ha contribuido a alimentarlo y, último pero no menos importante, hacía un llamamiento a las fuerzas progresistas y pacifistas a movilizarse preventivamente contra un más que probable conflicto armado13/. Situar la responsabilidad del Tratado de Versalles (con su culpabilización exclusiva de Alemania por la Gran Guerra, su asfixia económica por las reparaciones y algunas pérdidas territoriales) en alimentar el resentimiento nacionalista de la Alemania de Weimar contra la izquierda y la Entente (y en particular la Francia de Clemenceau) no equivale a justificar el nazismo, sino a entender que no sólo tenía culpables dentro de Alemania sino también fuera. Recordar hoy las humillaciones impuestas por los países capitalistas a la antigua URSS, su complicidad en su saqueo mafioso y oligárquico (padecido tanto por Rusia como por Ucrania), el apoyo a acciones tan poco liberal-democráticas y humanitarias como el bombardeo por Yeltsin del Soviet Supremo en 1993—en aquel entonces el primer parlamento plenamente electo de la historia del país—para coronar una restauración capitalista autoritaria o su benevolencia ante los asaltos “antiterroristas” de Yeltsin (1994-1996) y Putin14/ (1999-2009) contra Chechenia en nombre de la “defensa de Occidente”… no equivale a justificar el militarismo despótico de un Bonaparte gran ruso como Putin, sino a analizar las responsabilidades compartidas en su génesis.

Solidaridad con el pueblo ucraniano… con los ojos abiertos

¡Los noventa: nunca más!

Adagio popular ruso

Tampoco se puede olvidar que la desmembración caótica de la Unión Soviética —perpetrada contra la voluntad de la mayoría de su población, manifestada en un referéndum celebrado poco tiempo antes— por los sectores más procapitalistas de las principales repúblicas de la URSS, en lo que Poch de Feliu llama acertadamente el “contubernio de Belavezha”15/, condujo a un colapso económico dramático en todas las ex repúblicas soviéticas (coronado por el crash financiero de 199816/), pero particularmente agudo en Ucrania, algo que, unido a la división interna de las oligarquías ucranianas postsoviéticas, ha tenido consecuencias nefastas para dicho país (la única exrepública soviética que hoy en día tiene todavía un PIB per cápita inferior al de los tiempos de la URSS) y particularmente desestabilizadoras17/. El hecho de que un sector estuviera orientado hacia Moscú y el otro hacia la Unión Europea constituía un frágil equilibrio político18/, económico y cultural en un país muy diverso y atormentado por su historia (haciendo honor a su nombre: “tierra fronteriza”, gran llanura en disputa entre imperios y potencias rivales desde la Edad Media). Dicho equilibrio se rompió tras la revuelta de 2014, cuando Yanukovich se retiró del protocolo de relación con la Unión Europea cuando ésta le chantajeó obligándole a romper toda relación comercial con Rusia para acercarse a la UE19/. La retirada del acuerdo detonó la genuina revuelta democrática y antioligárquica que desembocaría en el Euromaidán. Como es bastante conocido, el desarrollo del movimiento conocerá un ascenso de la represión policial hasta culminar, durante la noche del 22 de febrero de 2014, en una masacre que acabará con la vida de más de 60 personas (tanto de manifestantes como de policías antidisturbios) por francotiradores apostados en una azotea. Hasta el día de hoy todavía no han sido identificados los autores de la matanza, entre otras cosas porque las nuevas autoridades en ningún momento iniciaron una investigación de los hechos20/.

Dicha masacre condujo a la caída de Yanukovich y al ascenso al poder de gobiernos no menos oligárquicos y que, por desgracia, fueron capaces de agitar un nacionalismo ucraniano en proceso de radicalización para encubrir el hecho de que revuelta del Maidán fue incapaz de introducir cambios estructurales igualitarios y una profundización democrática significativa21/. Es más, además de nacionalistas, eran pro-OTAN y abiertamente antirrusos. Por desgracia, el gobierno de Poroshenko pisoteó algunos derechos culturales y civiles de la población rusófona, impuso leyes de descomunización en 2015 —prohibición del partido comunista incluida22/, fuerza que contaba entonces con un apoyo electoral del 14% a pesar de estar dominada por una facción oligárguica, como, por lo demás, lo están todos los grandes partidos del país— y convirtió en héroe nacional del antiguo ultranacionalista pronazi —y, en tiempos de la Guerra Fría, protegido de la CIA para lanzar una guerrilla antisoviética en Ucrania Occidental— Stepan Bandera23/, quien había creado unidades militares que lucharían codo con codo con la Wermacht cuando ésta inició su invasión de la URSS en 1941. La llegada de este cambio de gobierno, con una creciente marginación de las fuerzas progresistas a manos de los partidos liberales, las ONG financiadas por Occidente y, último pero no menos importante, las protomilicias de ultraderecha que habían salido prestigiadas por los enfrentamientos del Maidán —y que habían logrado integrarse en el aparato represivo y militar del Estado ucraniano y colocar a varios de sus miembros en determinados ministerios clave— provocó, a su vez, una revuelta de la población contraria a la ruptura de relaciones con Rusia y temerosa del crecimiento del ultranacionalismo ucraniano. Es importante puntualizar que, si bien afortunadamente el peso electoral de la ultraderecha ucraniana es menor que en otros países, se dan no obstante dos dinámicas muy inquietantes: existe una enorme porosidad entre este sector y los sectores liberales (no hay prevención ninguna hacia ellos en el mainstream del tipo “cordón sanitario”, por muy hipócrita que sea en otros países) y han logrado que algunas de sus consignas se hayan convertido en parte del “sentido común” (en el sentido gramsciano) de buena parte de la población de Ucrania Occidental24/. En este contexto, la población opuesta al giro antiruso sufrió también una represión sangrienta a manos de sectores ultraderechistas ante la aquiescencia total del aparato represivo: la muerte de 46 manifestantes “AntiMaidan” quemados vivos impunemente en la sede de los sindicatos de Odesa, donde se habían intentado proteger de un ataque con cócteles molotov por parte de hooligans futbolísticos ultranacionalistas y de grupos ultraderechistas como Pravy Sektor y Svoboda25/, embrión de lo que se daría en llamar el Batallón Azov, fue el pretexto para la proclamación de las repúblicas secesionistas del Donbas y la toma de la península de Crimea por las fuerzas del Kremlin. Es bien sabido que la guerra del Donbas había costado ya 14.000 muertes antes de la invasión ordenada por Putin26/. El hecho de que hasta el momento no haya habido investigaciones oficiales serias sobre las masacres del Maidan o de Odesa, o las violaciones de los derechos humanos que se han dado en el Donbas (en general ignoradas por los principales medios de comunicación occidentales) dice muy poco a favor del gobierno oligárquico y ultranacionalista de Petro Poroshenko y de colaboradores suyos como el expresidente georgiano antirruso, pro-OTAN y con fuertes conexiones con el aparato de Estado estadounidense, Mijeíl Saakashvili27/. Con la participación en la guerra de unidades militares como el batallón Azov, compuesto casi exclusivamente de neonazis con asistencia e instrucción militar estadounidense, por un lado, y de mercenarios y grupos de extrema derecha y estalinistas no menos siniestros teledirigidos por el Kremlin, a través de la manipulación de la revuelta antiMaidan por la inteligencia militar rusa, me parece innegable que ha habido durante los últimos ocho años una intensa disputa interimperialista por el control geopolítico y geoeconómico del país, como apunta acertademente Achim Engelberg28/. A pesar de que se firmaran los acuerdos de Minsk en 2015, nunca llegó a pacificarse completamente la zona y, contraviniendo lo que se había acordado, el gobierno de Kiev se negó a conceder estatus especial alguno a estas regiones capaz de desactivar el conflicto —tanto por el creciente nacionalismo antiruso como por las amenazas de la ultraderecha contra quien se atreviera a implementarlos—.

A pesar de que la elección por amplia mayoría, en abril de 2019, de Volodymyr Zelenski —un nacionalista ucraniano más moderado, rusófono y de origen judío con un programa supuestamente anti-oligárguico29/ más respetuoso de la diversidad del país y conciliador en relación con el conflicto del Donbas30/— despertara esperanzas de mejora, en su programa figuraba la voluntad de integrar a Ucrania en la OTAN y la exigencia de la devolución de Crimea a Ucrania, sabedor de que ambas demandas aumentaban inevitablemente la tensión con Rusia.

Todos los hechos relatados hasta aquí son indispensables para evaluar la concatenación de fenómenos que anteceden la invasión del 24 de febrero y necesarios para caracterizar con precisión la guerra en curso. Nuestro deber de solidaridad incondicional para con las víctimas de la guerra en ningún caso nos obliga a olvidar que lo ocurrido en Ucrania desde 2014 no ha reforzado los valores progresistas en ese país y que sus sucesivos gobiernos tampoco han brillado por el respeto a las minorías, ni han desarrollado políticas que consolidaran, a mi juicio, la soberanía, la cohesión nacional y una política internacional independiente31/.

Es indudable, a su vez, que Rusia ha perdido influencia en Ucrania desde 2014 y que es incapaz de contrarrestar política y económicamente la creciente penetración occidental en el país —el Kremlin carece del “soft power” propio del imperialismo occidental en general y americano en particular y no tiene que digamos un modelo de sociedad que ofrecer que resulte atractivo desde el punto de vista económico (extractivismo corrupto), político (“democracia de imitación” y autocracia en los hechos) y social (una sociedad con desigualdades casi equivalentes a las de Estados Unidos)—, ello explica en parte que sus relaciones con Ucrania hayan transitado hacia una diplomacia coercitiva en 2021 primero y hacia la aventura militar lanzada el 24 de febrero después —tan catastrófica para Rusia o más de lo que lo es para Ucrania misma—… con la vana ilusión de lograr dichos objetivos. Todo ello es indiscutible, pero no es menos cierto que Rusia, a su vez, consideraba cassus belli desde hacía años la integración de Ucrania en la OTAN32/. Cuando el 22 de diciembre de 2014 la Rada (parlamento) de Kiev decidió que Ucrania abandonaba su condición de país no alineado e iniciaba su acercamiento a la OTAN a mi juicio era inevitable que se degradaran las relaciones con Rusia33/ y, al hacerlo, las nuevas elites postMaidan, alentadas en esta decisión por Washington y reforzadas por la creciente influencia ultranacionalista, estaban adoptando un rumbo de colisión que innegablemente carga también con su parte de la responsabilidad en no haber conjurado la catástrofe actual.

Dicho todo esto, por supuesto es absurdo y delirante el discurso de Putin para justificar su invasión apelando a un peligro inminente para la seguridad de Rusia y proclamando que los fines de su “operación técnico-militar” es “liberar a Ucrania de una pandilla de drogadictos y desmilitarizar y desnazificar” el país. Es más, como es bien sabido, a Putin no le faltó tiempo para atacar a la figura de Lenin, no solamente por haber dirigido la primera revolución obrera y campesina triunfante de la historia, sino por haber contribuido a crear una unión de repúblicas socialistas capaz de romper con la larga tradición de opresión nacional del zarismo y de establecer un marco de cooperación entre pueblos unidos por un proyecto político común basado en el internacionalismo y en el derecho de autodeterminación de las nacionalidades34/.

III

Russians out, Americans in, Germans down!

Dado que la principal exigencia de Putin es la garantía de que la OTAN no aceptara a más, y en concreto a Ucrania o Georgia, obviamente no habría existido ninguna motivación para la crisis actual si no hubiera habido una expansión de la Alianza Atlántica tras el final de la Guerra Fría o si la expansión hubiera tenido lugar de acuerdo con la construcción de una estructura de seguridad en Europa que incluyera a Rusia.

Jack Matlock, ex embajador estadounidense en Rusia35/, 15/2/22.

La conocida frase de Lord Ismay (primer secretario general de la OTAN) que abre este apartado describe bien los objetivos estratégicos de dicha organización. En lo esencial mantiene su vigencia en la actualidad a condición de hacer extensiva la alusión a los alemanes al conjunto de la Unión Europea. Me explico. Decía más arriba que el shock de la guerra, la campaña mediática que jalea la guerra del bien (la defensa de la civilización y los “valores” europeos36/ por los ucranianos) en su lucha contra el mal (la “barbarie asiática” representada por los rusos) y un ambiente neomacartista contra la disidencia intelectual y política lleva a determinados sectores de la izquierda a escamotear un factor fundamental en la crisis actual, a saber, que, del mismo modo que el único responsable de la invasión de Ucrania no es otro que Putin y sus delirios neozaristas, no es menos cierto que la extensión de la OTAN al Este y el cierre en falso de la Guerra Fría, así como la negativa sistemática a atender las peticiones diplomáticas de Rusia en los últimos treinta años por parte de las cancillerías occidentales, en general, y de la norteamericana en particular, carga con buena parte de la responsabilidad por haber dinamitado cualquier posible arquitectura política de la paz en Europa. Siempre ha resultado más cómodo para las contradicciones europeas (crisis económica y desigualdades norte-sur y crisis de la deuda en la UE, ascenso del populismo reaccionario, crisis migratoria, Brexit, etc…) y, en particular, para las relaciones euroamericanas excluir a Rusia sistemáticamente del concierto europeo37/, ya que nunca ha dejado de definirse como un Estado enemigo de la OTAN. Si hay un argumento de Gilbert Achcar en su debate con Stathis Kouvelakis38/ que me parece totalmente insostenible es caracterizar la guerra imperial en curso del mismo modo que intervenciones occidentales como la conquista de Iraq por Estados Unidos en 200339/. No es equiparable por varios motivos: no tiene una motivación económica comparable a la primera —controlar enormes recursos energéticos con las ventajas competitivas que supone en relación con bloques económicos rivales no es comparable al potencial cerealístico o a los minerales raros (como el litio) que pueda tener Ucrania—, ni el mismo significado geopolítico —la cercanía de Ucrania a Rusia no tiene el mismo significado cuando la posibilidad de estacionamiento de armas de destrucción masiva apuntando a Rusia es bien real, a diferencia de las armas de destrucción masiva imaginarias de Iraq (a más de 10.000 quilómetros de las fronteras estadounidenses), que, cuando existieron, fueron, por cierto, suministradas por Estados Unidos y por Donald Rumsfeld en persona en los 80 para aplastar al Irán de la revolución islámica—. A mi juicio, la lucha contra la OTAN como alianza militar imperialista debe de recaer en el pueblo ucraniano. Pero creo además que no se puede reducir la cuestión de la incorporación o no a la OTAN exclusivamente a un problema democrático. En este caso se añade que, si el Estado vecino cree —con mayor o menor grado de justificación, poco importa— que dicha integración supone un “peligro existencial”, creo que lo razonable es, como mínimo, tener en cuenta este dato y al menos contemplar la necesidad de garantizar, como recoge en teoría la propia OTAN en sus “principios”, que toda ampliación no vaya en detrimento de las exigencias de seguridad legítimas de otro Estado. Que los gobiernos de la OTAN desprecien descaradamente este aspecto no debe de sorprender a nadie, lo que sería mucho más inquietante es que militantes de izquierdas y antiimperialistas viesen las cosas más o menos igual y despachasen cualquier matiz como una burda propaganda del Kremlin.

Imaginemos por un momento la situación, no del todo descartable tras el Brexit y el contexto de inestabilidad y crisis política, económica, social y democrática que ha abierto en el Reino Unido40/, de que Escocia (una nación que, a pesar de importantes conflictos, comparte Estado con Inglaterra y Gales desde hace más de tres siglos, es decir, es un “pueblo hermano” para la mayoría de la población) celebra, tras un considerable apoyo político y financiero de Rusia a los partidos independentistas, un referéndum contra la voluntad de Downing Street, proclama la independencia por la mínima y lleva adelante una política de hechos consumados sin alcanzar acuerdo alguno de separación pactada con el Reino Unido, algo que la mayoría de los británicos experimentarían como un gran trauma y una tremenda humillación en uno de los contextos políticos más difíciles de su historia. Sería bastante probable que surgieran conflictos internos importantes, disputas fronterizas y dislocaciones económicas y arancelarias muy considerables. Tampoco sería descartable que Londres apoyara y financiara a las regiones más unionistas de la nueva Escocia. Ese escenario, por sí mismo, crearía tensiones importantes entre Londres y Edimburgo. Ahora imaginemos por un momento que ante dichas tensiones Edimburgo aceptara créditos millonarios de Rusia y China y recibiera asesores militares y sistemas de armas de última generación del Kremlin. Y que ante las protestas de Londres se argumentara en la izquierda que no son legítimas, ya que hay que apoyar el derecho de autodeterminación de los escoceses y que las exigencias de Downing Street de evitar la instalación de armas ofensivas hostiles en el país vecino no son aceptables dado el historial de intervenciones imperialistas británicas en todo el mundo. Ahora demos un paso más allá, supongamos que dado el aumento de la tensión con Inglaterra y en agradecimiento por el apoyo financiero y militar prestado, la nueva Escocia independiente decidiera ceder el uso de la antigua base británica de Clyde de submarinos nucleares polaris a la flota de submarinos nucleares rusos del Báltico y que Rusia justificara dicha toma de posesión diciendo que no iba contra la seguridad de Inglaterra, sino que era una medida para contribuir a proteger la seguridad de la frontera sur de Estados Unidos de la inestabilidad generada por los flujos migratorios procedentes de México41/. Es muy probable que las autoridades de Londres, no sólo no apreciaran el sentido del humor ruso, sino que además probablemente se lo tomarían como una provocación inaceptable y lanzarían algún tipo de ultimátum a los escoceses. Argumentar que la salvaguardia de la seguridad nacional inglesa junto a sus fronteras no es legítima por su indiscutible pasado (y presente…) imperial y por su larga historia de guerras de opresión nacional contra Escocia resultaría, a mi juicio, cuanto menos demagógico. Creo que la posición razonable sería que se buscara un futuro desnuclearizado para Escocia y algún tipo de estatus de neutralidad pactado con Downing Street y las grandes potencias, como el que Austria y Finlandia —dos países perfectamente democráticos y soberanos— han disfrutado desde el final de la Segunda Guerra Mundial, independientemente del evidente historial de opresión nacional y pasado imperial inglés. Pues bien, del mismo modo que una izquierda escocesa e internacional serias, aun rechazando que las grandes potencias dicten la política de defensa de pequeñas naciones, plantearían este escenario para una hipotética Escocia independiente, me parecería una catástrofe política e intelectual de primer orden que fuera calando en la izquierda el relato propagandístico cargado de demagogia y de cinismo propagado por la OTAN en relación con los hechos, que no hipótesis imaginarias, acaecidos en Ucrania desde como mínimo 201442/.

Ciertamente, la visión que se tiene en distintos lugares de Europa sobre lo que es la OTAN varía debido a la historia particular de cada país43/. No es lo mismo en Portugal, donde la supuesta defensa de las libertades contra el totalitarismo que proclamaba dicha organización no fue impedimento para incorporar a ella a la dictadura salazarista; en Italia, donde el terrorismo negro de la estrategia de la tensión vinculado a la OTAN se proponía impedir una victoria electoral de los comunistas por todos los medios; o en países que han padecido golpes de Estado patrocinados por la OTAN como el de coroneles en Grecia en 1967 o el de Evren en Turquía en 198044/… que en los países del Este de Europa, que estuvieron sometidos al dominio estaliniano durante casi cincuenta años, donde la caída de la URSS abría horizontes de libertad y de bienestar material gracias al “sueño” europeo y la promesa de “protección” de la OTAN frente al oso ruso. Esto se entiende bien en España, donde los sectores más inteligentes de la burguesía que había patrocinado el franquismo entendieron que un régimen liberal integrado en Europa era imprescindible para la recomposición de la hegemonía burguesa en el país y un sistema mucho más seguro para gestionar la crisis capitalista y las políticas de austeridad que acompañaban inevitablemente la lucha por recuperar las tasas de ganancia perdidas por el capital en los años 70. Aquí también se utilizó el chantaje de aceptar la integración en la OTAN como peaje necesario en nuestro viaje hacia los derechos democráticos y sociales europeos. No obstante, y admitiendo que eran otros tiempos, la pervivencia de una izquierda clasista y revolucionaria permitió librar un combate pacifista decidido contra los bloques militares y contra la lógica exterminista (en expresión de E.P. Thompson) del armamento nuclear sin por ello dejar de apoyar la lucha armada revolucionaria en Centroamérica, por ejemplo. Digo todo esto porque probablemente en la Europa actual se esté dando también una correlación muy clara entre el estado organizativo e ideológico de la izquierda anticapitalista y el juicio que nos merece la OTAN. En la situación política actual éste no es un debate secundario, ya que influye de un modo decisivo en el análisis que se está haciendo del conflicto militar más grave que sacude al continente desde la Segunda Guerra Mundial y condiciona las alianzas en la izquierda y las tareas de solidaridad y de lucha por la paz en esta fase. Es sumamente preocupante que un sector de la izquierda anticapitalista europea haya adaptado su discurso a las simpatías por la OTAN que llegan de la prácticamente inexistente izquierda política de los países de Europa oriental, región que cuenta con los gobiernos más reaccionarios del continente después del del propio Putin y que más abiertamente están alentando la intervención directa de la OTAN en el conflicto, en particular Polonia y Lituania45/. En mi opinión esta posición no solamente no ayuda a elevar el nivel de conciencia política y a desarrollar una izquierda de clase en esos países, que siguen sufriendo las consecuencias de la devastación social e ideológica del estalinismo, sino que además distorsiona gravemente el análisis de la naturaleza del conflicto en curso y contribuye al desprestigio de una izquierda europea que deberá resistir un nuevo ascenso militarista, austeritario y liberticida en todo el continente.

La geopolítica, al igual que la fuerza de la gravedad, opera aunque sea invisible

La buena política consiste en hacer creer a los pueblos que son libres

Napoleon Bonaparte

La geopolítica existe46/ y las correlaciones de fuerzas entre potencias imperialistas también, aunque no se haya votado en la ONU. Como es sabido, las luchas de poder entre grandes potencias condicionan considerablemente las relaciones internacionales durante largos periodos históricos e imponen unas dinámicas que inevitablemente limitan el abanico de opciones democráticas que puedan adoptar los pueblos. Este hecho obliga a entender que las luchas de emancipación están siempre sobredeterminadas por las pugnas interimperialistas, del mismo modo que la fuerza de la gravedad existe independientemente de la opinión que nos merezca Isaac Newton, por ejemplo. Digo esto porque Europa y el mundo, pero sobre todo Ucrania, Rusia y el resto de las repúblicas exsoviéticas, están pagando muy caro el cierre en falso de la Guerra Fría. Al igual que en otros contextos históricos, la actitud de las potencias vencedoras ha marcado drásticamente las dinámicas de un largo periodo histórico. Veamos algunos ejemplos de ello. Las potencias que derrotaron el Imperio napoleónico en 1814 tuvieron la prudencia de respetar, grosso modo, la integridad territorial de Francia, de integrar al país en el Congreso de Viena y de evitar humillaciones irreversibles que condujeran a un estallido del concierto europeo, que, a pesar de algunos conflictos breves y localizados, fue capaz de preservar un equilibrio bastante estable en el sistema de Estados y evitar guerras de gran envergadura durante el siglo que condujo hasta la Gran Guerra de 1914-18. Sin embargo, el Diktat de Versalles impuso unas condiciones draconianas a Alemania (culpabilización exclusiva por el conflicto, pérdidas territoriales significativas y asfixia económica a través de reparaciones de guerra impagables) que sentarían las bases para una gran revancha del militarismo alemán, que se concretaría en el proyecto imperial del nazismo. Tras el desenlace apocalíptico de la Segunda Guerra Mundial, los aliados que habían derrotado al Eje procuraron velar por el desarrollo económico alemán, evitar su marginación del sistema ONU y hasta condonaron su deuda externa en 1953, es más, aceptaron su rol dirigente, a través de su parteneriado con Francia, en el impulso el proyecto de la integración europea47/. El caso alemán posterior a 1945 contrasta dramáticamente con el maltrato sufrido, en primer lugar por la Unión Soviética de los tiempos de Lenin y Trotsky, cuando todas las potencias imperialistas lograron, con su intervención durante la guerra civil, si no el completo hundimiento que deseaban de la experiencia revolucionaria de los bolcheviques, como mínimo imponer una destrucción física, económica y moral que contribuiría decisivamente a sentar las bases para la involución antidemocrática y burocrática del estalinismo y que reduciría radicalmente y de un modo bastante irreversible el atractivo de la Revolución soviética como alternativa de sociedad entre el grueso de las clases populares de los países capitalistas desarrollados… hasta su hundimiento final bajo la presión combinada de la carrera armamentística y de una ineficiencia económica crónica y el consiguiente estancamiento continuado de las condiciones de vida material de la población. En fin, con la Perestroika en la URSS, la buena voluntad y la generosidad pacifista y reformadora demostrada por Gorbachov, no sólo no despertó ningún tipo de reciprocidad entre las potencias occidentales en los tiempos de la “paz fría”48/, sino que fue percibida como una gran oportunidad de completar un proyecto de dominación global y como un signo de debilidad que sólo merecía gestos de desprecio y prepotencia. Como es bien sabido, el renacimiento del nacionalismo imperialista ruso que representa Putin y sus protestas y gruñidos impotentes sistemáticamente ignorados en las cancillerías de la OTAN no son ajenos a esta secuencia histórica.

¡Luchemos contra nuestro propio imperialismo en tiempos de paz, dejémoslo fuera de la ecuación en tiempos de guerra!

A propósito del papel de la OTAN

Recordar que la sensibilidad humanitaria de Estados Unidos (y de Europa) es muy selectiva, que apoyó las masacres del régimen indonesio en 1965, que urdió el golpe de Estado chileno en 1973, que apoyó la representación de los jemeres rojos en la ONU hasta 1988 (¡!), que apoyó a Saddam Hussein contra Irán, que equipó al ejército turco a precio de saldo, que encuadró a la contra en Centroamérica y que entrenó a los sicarios colombianos, no es suficiente para excluir una buena acción. Pero es suficiente para preguntarse por las razones de una «ética» tan excepcional, su por qué, su cómo y su para qué.

Daniel Bensaïd, Contes et légendes de la guerre étique, 1999.

Si bien esta guerra plantea no pocos interrogantes angustiosos e incógnitas inquietantes, permite no obstante conservar algunas certezas.

La primera es que, acabe como acabe, esta guerra ya es, en sí misma, una gran oportunidad para la OTAN en general49/, y para Estados Unidos en particular, desde todos los puntos de vista imaginables. Y creo que sería particularmente inquietante que estos razonamientos no fueran compartidos por lo que queda de la izquierda en Europa50/:

a) Tras largos años de ampliación al Este51/, de intervención en los asuntos internos de Georgia y Ucrania, tras la instalación de escudos antimisiles en Rumanía, Polonia y España (justificados por la amenaza nuclear que representa… Irán, sic!) y de denuncias cada vez más intensas contra el autócrata del Kremlin, ha logrado que Rusia se lanzara a un conflicto armado que opera como una especie de profecía autocumplida de una organización que necesita del conflicto en Europa para justificar su existencia, extenderse y (re)soldar su cohesión interna.

b) Permite dar salida a uno de los grandes negocios que comparten toda y cada una de las potencias imperialistas52/ (incluidas, por supuesto, Rusia y China), que es un gran impulso al complejo militar-industrial. En un artículo reciente53/, que a mi juicio es confuso y subestima enormemente la responsabilidad de la OTAN en el estallido de la guerra en Ucrania54/, Pierre Rousset y Mark Johnson sostienen lo siguiente: “No vemos ninguna contradicción entre la exigencia de reducir el gasto militar en los países de la OTAN y el suministro de armas a Ucrania. De hecho, la entrega de armas a Ucrania sin incrementar los presupuestos militares en los países miembros de la OTAN contribuiría a la reducción del arsenal de la OTAN. Por supuesto, esto solo tendría un efecto limitado, ya que los países de la OTAN están suministrando a Ucrania sobre todo armas más antiguas, en particular las de la época soviética que todavía están en uso o almacenadas en los países de la OTAN del este de la UE”. Creo que lo mínimo que se puede decir sobre esta afirmación es que resulta totalmente anecdótico el envío de armamento anticuado de los tiempos de la Guerra Fría y sólo tendría que ver con las entregas procedentes de la antigua RDA o de Polonia, una parte totalmente marginal si tenemos en cuenta el conjunto de la asistencia militar occidental. Si analizamos los cargamentos enviados por Estados Unidos55/ y el Reino Unido, por ejemplo, constataremos que se trata de armas de última generación recién salidas de sus fábricas y, aunque parezcan gratis para Ucrania (desde el punto de vista económico, ya que por supuesto nunca lo son desde el punto de vista político, como saben muy bien los autores del artículo), sin duda no lo serán desde el punto de vista de la transferencia fabulosa de recursos públicos originados en la explotación del trabajo hacia el beneficio privado capitalista que caracteriza a los complejos militar-industriales56/. Aun reconociendo que la izquierda occidental no es nadie para decirle a los ucranianos de dónde deben obtener el armamento que necesitan para defenderse de la invasión de Putin, no es menos cierto que se plantean diversos problemas políticos capitales para la izquierda de los países imperialistas occidentales:

  1. Molestarse en preguntarse, como mínimo, si los envíos de armas a Ucrania por parte de nuestros enemigos de clase persiguen los mismos objetivos que defendemos nosotr@s.
  2. Plantearse qué implicaciones estratégicas tiene a corto y medio plazo esta aparente confluencia táctica con las iniciativas de intervención militar (aunque sea por procuración) de nuestros propios gobiernos en la guerra57/.
  3. Preguntarse si es verdad, como sostienen los autores, que no hay contradicción entre apoyar los envíos de armas y oponerse a la remilitarización de los Estados capitalistas sobre las espaldas de las clases populares después de 45 años de austeridad neoliberal y un fondo de colapso socioambiental y sanitario.

Mi opinión es que, en el terreno de la lucha política concreta y en el cuerpo a cuerpo por defender una política coherente, en los debates políticos que parten aguas (sí o no a la entrada a la OTAN, sí o no a Maastricht, sí o no a la invasión de Iraq, sí o no al Tratado Constitucional Europeo, sí o no a la intervención por procuración de la OTAN contra Rusia en Ucrania…) nunca hay espacio para los matices, ya que no resultan relevantes más allá de ínfimas minorías politizadas o de ambientes altamente intelectualizados. Creo que la reacción más probable de los representantes de la unión sagrada que proclaman que “Europa está en guerra”, como decía al principio de la crisis un apparatchik despreciable como Josep Borrell, será algo del estilo “¿cómo se atreven ustedes a oponerse a que nuestros gobiernos aumenten sus gastos militares para defendernos de la amenaza expansionista rusa cuando apoyaron el envío de armas de la OTAN a Ucrania? ¿Por qué razón apoyan que los ucranianos tengan los medios para defenderse y nosotros no?” Creo que la izquierda estaría muy mal situada y perdería credibilidad si suscribiéramos la posición de Rousset y Johnson.

No tengo la pretensión de tener todas las respuestas al respecto, pero sí me parece pertinente y necesario plantear determinadas preguntas y recordar que en momentos como el actual hay que ser sumamente prudentes en lo que decimos, ya que un paso en falso puede perseguirnos durante años o décadas58/.

c) Perpetúa a la OTAN como principal instrumento de dominación norteamericana del continente europeo59/, rompe toda lógica de colaboración económica entre la UE y Rusia (y muy particularmente el Nord Stream 2; un objetivo estratégico de la Administración Biden, que por lo visto tiene intereses gasísticos personales en Ucrania). El reforzamiento actual de la OTAN sólo es comparable al que permitieon las guerras que condujeron al estallido de la exYugoslavia60/, y muy particularmente la guerra de Kosovo de 1999 y los bombardeos sobre Serbia —primer gran aviso para navegantes que recibió la Rusia postsoviética sobre cómo el cosmopolitismo liberal de la OTAN defendía los derechos humanos—. Esos conflictos no sólo fueron un gran regalo de cumpleaños para que la OTAN celebrara su 50 aniversario y lograra relegitimarse tras el fin de la Guerra Fría, sino para que también perfilara una nueva doctrina estratégica que trascendiera su supuesto carácter “defensivo” y su ámbito geográfico nordatlántico originario para iniciar la globalización de su ámbito de actuación y adoptar cada vez más abiertamente un rol de verdadero gendarme mundial —lo cual sin duda presidiría hasta el pasado mes de agosto sus 20 años de brillante61/ lucha por la emancipación nacional, la democracia, el progreso social, el desarrollo sostenible y la emancipación de las mujeres en Afganistán—62/.

d) Permite dar un impulso a la economía norteamericana (hidrocarburos, cereales, armas, etc…) y generar un caos macroeconómico fenomenal en la Unión Europea, que va a tener que lidiar además con las consecuencias humanitarias del conflicto63/.

e) Va a permitir una nueva carrera de armamentos en Europa64/ —empezando por un renacer del militarismo alemán, que, tras el drástico aumento de su presupuesto militar que acaba de aprobar, va a transformarse en la principal potencia militar del continente por primera vez desde los tiempos del Tercer Reich, algo que debería inquietar enormemente a cualquier demócrata con nociones elementales de historia contemporánea—, un más que probable redespliegue nuclear estratégico y táctico tanto de Rusia como de la OTAN y, por encima de todo, deja claro que la política exterior europea no la dirige ni París, ni Berlín, ni Bruselas, sino Washington. Será muy divertido ver la continuación del pulso entre la Comisión Europea y los gobiernos de Polonia y Hungría sobre la preeminencia o no del derecho europeo sobre el nacional —a propósito de los derechos de las mujeres y del colectivo LGBTIQ—. Varsovia y Budapest, que albergan a los gobiernos más derechistas de Europa, tan sólo superados por el de Putin mismo, dan muestras de un histrionismo agudizado por la excitación belicista que recorre las cancillerías europeas al olor de la sangre derramada por el oso ruso. El gobierno polaco parece poseído por un revival pilsudskiano: hay destacados dirigentes polacos que se plantean seriamente la conveniencia de ocupar militarmente la Ucrania occidental. El gobierno húngaro, de marcados rasgos horthyanos, ha asistido a uno de los espectáculos más cómicos del drama espantoso que estamos viviendo: Víktor Orban borrando febrilmente sus twits elogiosos de, y sus selfies con, Vladímir Putin… tan apresuradamente como lo hicieron otros goliardos ultraderechistas europeos de la calaña de Le Pen o Salvini65/.

f) Último pero no menos importante: la vuelta de la cultura política de la guerra fría, es decir, el proputinismo de sectores estalinistas y populistas de extrema derecha (lo que hemos denominado históricamente el «campismo», lo que, parafraseando a August Bebel, entendemos como un «antiimperialismo de los imbéciles») y el entusiasmo en la defensa del «mundo libre» à la BHL66/, desde la socialdemocracia hasta algún sector bien intencionado pero no menos desorientado de la izquierda anticapitalista, afectada por lo que no me resisto en denominar, en expresión de un amigo, el “altercampismo”.

A propósito del “campismo” y el internacionalismo

En la tradición del marxismo revolucionario se ha utilizado la noción de “campismo” para caracterizar a las corrientes de la izquierda que han excusado la naturaleza reaccionaria de determinados regímenes en nombre de su supuesto antagonismo hacia el imperialismo occidental en general, y el estadounidense en particular, y por sus buenas relaciones con las supuestas “patrias del socialismo” que conoció el siglo XX, fundamentalmente la URSS estaliniana primero y posteriormente la China maoísta, o ambas a la vez. En la visión campista se entendía que el principal vector en el avance hacia el socialismo era el antagonismo entre los bloques en lugar de la lucha de clases internacional, por ello el análisis de clase se aplicaba, en el mejor de los casos, tan solo a los países capitalistas occidentales y se evitaba dicho examen para indagar en las contradicciones del “campo socialista”67/. No obstante, la tradición marxista revolucionaria normalmente reconocía la pervivencia de conquistas sociales en los países postrevolucionarios que obligaban a una defensa crítica de su derecho a existir contra un imperialismo capitalista económica y militarmente superior en nombre de la perspectiva de la extensión del proyecto revolucionario a nivel mundial. Esta tradición era, pues, capaz de distinguir entre un enemigo principal —los Estados imperialistas que jugaban un papel abiertamente contrarrevolucionario en la arena internacional— y un enemigo secundario —unas burocracias reaccionarias en la medida en que bloqueaban la transición al socialismo, autoritarias en tanto que impedían el surgimiento de una democracia socialista y conservadoras puesto que frenaban la revolución mundial y buscaban la coexistencia pacífica con el bloque capitalista. Hoy, afortunadamente, los sectores campistas son mucho más marginales en la izquierda social y política que en el pasado68/. No obstante, la noción de “campismo” se está utilizando de un modo mucho más impreciso también para desacreditar a sectores inequívocamente marxistas revolucionarios y que no tienen reparo en denunciar el papel contrarrevolucionario e imperialista de la Rusia de Putin y sus aliados por la sencilla razón de que todavía somos capaces de hacer la distinción entre un imperialismo global dominante —el que representa la OTAN, que concentra aproximadamente el 56% del presupuesto militar mundial— y un imperialismo que, a pesar de ser más agresivo como pone de manifiesto la invasión en curso, tiene a pesar de sus delirios de grandeza un carácter regional y muchísimo menos potente —el de Rusia, un Estado que dispone de un PIB inferior al de Italia y un gasto militar que representa el 3% del presupuesto militar mundial— y creemos que el apoyo a la resistencia ucraniana a la invasión (y el apoyo a la resistencia rusa contra la guerra) no nos obliga a sostener la intervención de la OTAN en Ucrania69/. Creo que la acusación no solamente es injusta y calumniosa, sino que pone de manifiesto un análisis simplificador e inconsistente del conflicto actual.

IV

Vayamos al núcleo del debate: ¿cómo caracterizar la guerra en curso?

Personalmente, he escrito en contra de las interpretaciones simplistas de Euromaidán, que parte de la izquierda occidental vio erróneamente como un golpe de estado apoyado por Occidente, al igual que las repúblicas separatistas de Donbas fueron vistas como estados proto-socialistas, mientras que en realidad son títeres de un régimen ruso muy poco socialista. Pero discutir la culpabilidad de los izquierdistas occidentales como idiotas útiles de Putin en este momento es muy perjudicial para la izquierda. El debate sobre la subestimación del imperialismo ruso es importante, pero no debe llevarse a cabo en momentos de altas emociones y utilizando el chantaje moral […] La izquierda necesita argumentos ofensivos. No debemos aceptar que se prohíba el debate sobre la complicidad de la OTAN y el régimen post-Maidán en Ucrania, sobre las razones para no aplicar el Acuerdo de Minsk o sobre las relaciones entre la OTAN y Rusia. Eso significaría una capitulación, especialmente en Europa del Este, donde en la era del neo-mcarthismo que se avecina, puede que ya no sea posible exponer ni siquiera los argumentos básicos de la izquierda sin ser acusado de ser un espía ruso.

Volodymyr Ishchenko, intelectual socialista ucraniano, 14/3/2022

(https://www.rosalux.de/en/news/id/46153/stopping-the-war-is-the-absolute-priority)70/

Esencialmente hay tres caracterizaciones.

La primera consiste en entender y disculpar la invasión de Putin en nombre del necesario “multilateralismo” en las relaciones internacionales, invasión que sería exclusivamente un reflejo defensivo legítimo de Rusia ante el acorralamiento geoestratégico al que ha estado sometida por Occidente en general y la OTAN en particular. Si bien es cierto que se han dado algunas ambigüedades en determinados movimientos antiguerra y en ciertos sectores campistas de la izquierda norteamericana, por ejemplo, esta visión tan sólo es explícitamente compartida por algunos Estados del Sur Global71/, por un amplio abanico de razones, y por grupos de extrema derecha y paleoestalinistas poco representativos. Quienes disculpan la invasión hacen abstracción de una larga historia de opresión nacional de Ucrania por el zarismo primero y de dominación estalinista después y se niegan a condenar el imperialismo etnicista de Putin, olvidan que Ucrania acordó en el Memorándum de Bucarest de 1994 que cedía su arsenal nuclear a Rusia a cambio de la garantía de su integridad territorial, que la ampliación de la OTAN hacia el Este ha convertido a Ucrania en el chivo expiatorio de todos los resentimientos que ha generado en Rusia en general y en el Kremlin en particular y que la invasión iniciada el pasado 24 de febrero aplasta el derecho de autodeterminación del pueblo ucraniano y pretende reconstruir un área de influencia manu militari, como también han demostrado acciones rusas recientes como la intervención militar contra la revuelta popular antioligárguica en Kazajstán.

La segunda argumenta correctamente que hay que condenar la invasión de Putin y apoyar la resistencia militar y civil del pueblo ucraniano contra la invasión, insiste en el hecho de que una posición exclusivamente pacifista equivaldría a conminar al pueblo ucraniano a un derrotismo revolucionario cómplice con los objetivos de Putin y sostiene que el Estado ucraniano tiene derecho a recibir ayuda militar del exterior, venga de donde venga. Grosso modo, ésta es la posición que ha argumentado Gilbert Achcar, insistiendo en la idea de que la derrota del intento de invasión de Putin es positiva en la medida en que desincentiva a otras potencias capitalistas a iniciar agresiones imperiales del mismo tipo, aun reconociendo que la intervención de la OTAN impone una relación de vasallaje a una hipotética Ucrania vencedora, que sería preferible al “sometimiento” y la “colonización total” que impondría una victoria de Putin.

Finalmente, hay una serie de autores marxistas como Alex Callinicos72/, Claudio Katz73/ o Stathis Kouvelakis74/, por sólo citar a los más destacados, que argumentan con matices y acentos distintos que, a pesar de su condena de la invasión imperialista rusa, no es posible entender este conflicto actual al margen de una pugna entre un imperialismo global y todavía altamente hegemónico, a pesar de su creciente decadencia, dirigido por Estados Unidos y vehiculado a través de la alianza militar que dirige, la OTAN75/, responsable de la mayoría de las guerras imperiales en el mundo desde el fin de la Guerra Fría… y un imperialismo mucho más débil y dependiente desde el punto de vista económico, tecnológico y financiero y de signo inequívocamente regional como el ruso que, ante los obstáculos interpuestos a sus pretensiones occidentalistas iniciales (no sólo de Yeltsin, sino también del Putin que pidió la adhesión de Rusia a la OTAN), ha buscado reconstruir un área de influencia en algunas antiguas repúblicas soviéticas y pugnar por la subordinación política de países que considera claves para su propia seguridad, como en el caso que nos ocupa, en buena medida ante las sucesivas ampliaciones hacia el Este de la OTAN. A pesar de los respectivos matices de sus análisis, coinciden en que, independientemente del debate abierto acerca del tipo de apoyo que se debe de prestar al pueblo ucraniano, bajo ninguna circunstancia debe de apoyarse la intervención por procuración de la OTAN en el conflicto y el renacimiento del militarismo europeo en general, y del alemán en particular, que la acompañan.

Pues bien, en mi opinión estamos asistiendo a una guerra de liberación nacional de una nación históricamente oprimida por el nacionalismo gran ruso del zarismo primero, y muy maltratada por la dominación estaliniana después, que se defiende de una agresión etnonacionalista ultrareaccionaria y de un imperialismo que tiene pretensión de pesar a nivel mundial, pero que por su propia realidad económica, financiera y tecnológica, no logra trascender su carácter regional. Pero creo que dicha agresión, así como la agenda imperial putinista, son incomprensibles si se abstraen de su relación con los efectos del cierre en falso de la Guerra Fría por parte de sus ganadores (los imperialismos occidentales en general y el estadounidense en particular) y por la inmensa humillación social que supuso la restauración capitalista en la antigua Unión Soviética, el saqueo oligárquico de los tiempos de Yeltsin y la reconstrucción de un Estado fuerte basado en el disciplinamiento de dichas oligarquías, en la pasividad social y en un creciente autoritarismo (con notorios rasgos protofascistas desde que se inició la invasión) por parte de Putin en los últimos 20 años. Por todo ello, la guerra en curso está dialécticamente relacionada con, y fuertemente condicionada por, la pugna geopolítica insomne por el control de Ucrania entre Estados Unidos esencialmente, de un lado, y la Federación rusa, del otro que se está concretando de un modo cada vez más evidente en una guerra por procuración de la OTAN contra Rusia (sin faltar declaraciones cada vez más explícitas de no pocos de sus artíficies en este sentido76/). Por consiguiente, la situación nos obliga a diferenciar entre los objetivos legítimos de la resistencia ucraniana a la invasión, que apoyamos totalmente —la supervivencia de su país y una paz justa—, y los de la intervención de los países de la OTAN que la están armando —alargar la guerra al máximo por el bien de la industria militar y la remilitarización generalizada y para debilitar a Rusia primero y a China después77/, los dos únicos estorbos a la hegemonía mundial indiscutida de Washington78/— y que intentan imponer a los primeros, reduciendo por consiguiente su autonomía política. De esta caracterización se desprenden, a mi juicio, tres tareas para la izquierda occidental: a) debe de apoyar, en la medida de sus posibilidades, a la vez política y materialmente la resistencia del pueblo ucraniano y su lucha por la supervivencia como nación, b) debe apoyar el derrotismo revolucionario de la oposición rusa a la guerra y, último pero no menos importante, c) oponerse al objetivo de la OTAN, que es fundamentalmente el de Washington —quien realmente manda en su seno—, en esta guerra: alargarla al máximo, ignorando su coste en vidas y destrucción material, aun a sabiendas de estar agravando tres grandes peligros de la situación en orden de importancia:

  • Que el envío de armas cada vez más letales conduzca a una escalada que degenere en guerra abierta entre Rusia y la OTAN.
  • Que, eventualmente, en un escenario de hundimiento del Estado y la economía ucranianas y de fortalecimiento de las corrientes ultranacionalistas por la dinámica de una guerra prolongada abra la puerta a la proliferación de corrientes ultraderechistas armadas (por su significativa fortaleza endógena y por la llegada de todo el mundo de miles de combatientes voluntarios —así como de mercenarios— con ideologías afines) que pongan en peligro la democracia en Ucrania y contribuyan poderosamente a la desestabilización de la región y más allá —al modo en que el conflicto Muyahidines-URSS fue un trampolín para Al Qaeda o el de Iraq (2003-) y Siria (2011-) para Daesh—, sembrando a su vez, como en el pasado, la semilla de nuevas guerras y plagas terroristas con sus consiguientes efectos liberticidas79/. A este respecto sería un grave error subestimar hasta qué punto la invasión de Putin, y episodios como la resistencia numantina en Mariupol por parte de combatientes neonazis, ha relegitimado el neofascismo en Ucrania, Europa y el mundo.
  • Que una tampoco descartable caída caótica del bonapartismo ultrareaccionario de Putin, propiciada más por una derrota militar exterior que por una derrota política interna, abra la puerta, dada la debilidad relativa de la oposición socialista en la fase actual, a un movimiento abiertamente fascista en Rusia, con todo lo que ello comporta al tratarse de una potencia nuclear.

Ni pacifismo… ¡ni militarismo!

Estas cuestiones fundamentales han de detallarse y explicarse a menudo con ayuda de ejemplos concretos, según el curso de los acontecimientos y el estado de ánimo de las masas. Habrá que distinguir además entre el pacifismo del diplomático, el profesor, el periodista y el del carpintero, el obrero agrícola o la asistenta. En el primer caso, su pacifismo no es más que una pantalla del imperialismo; en el segundo, una expresión confusa de su desconfianza en él. […] El pacifismo y el patriotismo burgués están transidos de engaño. En el pacifismo, y aun en el patriotismo de los oprimidos hay una mezcla de elementos que, por un lado, reflejan su odio hacia la destrucción y la guerra y, por otro, les impulsan hacia lo que ellos estiman ser su propio bien. Esos elementos han de ser correctamente entendidos para poder extraer conclusiones correctas. Hay que saber contraponer frontalmente estas dos formas de pacifismo y patriotismo.

León Trotsky,

El programa de transición, 1938.

Algunos han recriminado el enfoque eminentemente pacifista de una parte significativa de la izquierda y los movimientos sociales80/. Creo, personalmente, que una visión exclusivamente pacifista no es suficiente ante una agresión imperialista brutal como la que padece el pueblo ucraniano actualmente. La resistencia ucraniana —tan sorprendente para el Kremlin como para la OTAN81/— ha desbaratado indudablemente los planes iniciales de Putin de imponer un gobierno títere en Kiev con una operación relámpago que pretendía emular las intervenciones de Krushev y Breznev en Budapest (1956) y Praga (1968), respectivamente. Es cierto que el efecto combinado de la resistencia armada ucraniana y de la resistencia ciudadana ha logrado detener el primer golpe. Tampoco hay duda de que la invasión está siendo una pesadilla para el ejército ruso82/. Fuentes ucranianas daban cifras recientes de bajas rusas que superaban los 20.000 soldados en dos meses de guerra83/; recordemos que la URSS perdió 15.000 en Afganistán en diez años… Aunque exista un elemento propagandístico, es innegable la enormidad del revés militar ruso. El ejército invasor ha reaccionado incrementando el uso del terror contra la población civil debido a su propia impotencia por alcanzar sus principales objetivos estratégicos. Dicho todo esto, creo que se está exagerando la cuestión del armamento en lo que respecta a la resistencia ucraniana —incluso en el debate de la izquierda— y de paso los gobiernos occidentales la están utilizando para enterrar medidas mucho más eficaces para detener la maquinaria de guerra rusa: a saber, un boicot generalizado a las exportaciones de hidrocarburos rusos, que debería actuar además como una poderosa palanca para acelerar la transición energética. ¿Qué problema tiene? Que, más allá de los innegables problemas logísticos y económicos que generaría, es infinitamente menos lucrativo y choca contra los intereses de la industria armamentística, espina dorsal de la economía estadounidense, sobre todo.

Volvamos al debate de las armas. Creo que una cosa es decir que la izquierda occidental no está en posición de decirle a los ucranianos de dónde deben obtener el armamento que necesitan para defenderse y otra es apoyar explícitamente los envíos de armas de la OTAN, un gesto que además es totalmente gratuito, en la medida en que no existe boicot alguno contra Ucrania en lo que a adquisición de armas se refiere, más bien todo lo contrario: por mucho que no se atreva, de momento, a una intervención militar directa, ha llegado una gran oportunidad para que el imperialismo occidental intervenga en favor de sus propios intereses —militares, políticos y económicos— en este conflicto84/. Se exagera, decía, la inferioridad —a mi juicio cuantitativa, que no cualitativa— del armamento de la resistencia ucraniana para esquivar también de paso la vertiente política del problema. Creo que es evidente que en esta guerra se da un binomio trágico con el que hay que sopesar la situación lo más racionalmente posible e intentar controlar el inevitable impacto emocional que produce. El binomio inevitable es una paz rápida con concesiones al enemigo que limite al máximo la destrucción y la muerte, que inevitablemente comporta la consecución de algunos objetivos por parte de las fuerzas invasoras, es decir, una paz más rápida a costa de una situación política resultante más injusta. La otra opción, la priorización de la continuación de la lucha armada por parte de los ucranianos, al precio de un nivel de destrucción y de muerte cada vez superior, quizás sea una “guerra justa”, pero no me parece un escenario deseable ni para Ucrania, ni para Rusia ni para Europa.

En fin, lo que no me parecería razonable es que se acuse de complicidad con Putin a quienes creemos que es deseable que la resistencia ucraniana intente combinar varias formas de lucha, que logre suplir su inferioridad militar relativa con audacia e independencia política en lugar de aceptar la lógica militarista que le impone la OTAN85/ e intentando alcanzar una salida política razonable lo antes posible, aunque sea un compromiso, porque pensamos que la continuación a toda costa de la guerra difícilmente evitará una degradación profunda la situación humanitaria, económica y política en Ucrania86/. Si bien es cierto que no cualquier paz resulta aceptable para el pueblo ucraniano, ello no puede llevarnos a subestimar los peligros enormes que comporta la cronificación y el empantanamiento del conflicto87/. No tengo ninguna duda de que el escenario de un Afganistán eslavo para los rusos es enormemente apetecible88/ y excita la imaginación de los estrategas de Washington89/, para quienes el riesgo de colapso económico por efecto de la guerra es mucho menor que el que corre la UE y que, además, no se ven directamente afectados por el drama humanitario que está generando… En fin, como diría Victoria Nuland, responsable de la política euroasiática de Obama, en la conversación que se filtró con el embajador americano en Kiev en la que discutían qué posibles ministros eran más idóneos para el gobierno postMaidan: ¡Fuck the EU!

Creo que si no tomamos todo esto en cuenta es normal que se tiendan a obviar los objetivos específicos de la intervención militar por procuración que está llevando a cabo la OTAN90/, que a mi juicio no son otros que la derrota o como mínimo el máximo debilitamiento militar de Rusia sobre las espaldas del pueblo ucraniano que pone los muertos y la caída de Putin por todos los medios (como proclamó abiertamente Biden en su visita a Polonia a finales de marzo)  salvo una intervención militar directa91/, que ciertamente implicaría una conflagración general y una más que probable aniquilación nuclear. Sobran los ejemplos de intervenciones “humanitarias” de las que no se ha vuelto a hablar en cuanto Estados Unidos había alcanzado sus propios objetivos92/.

V

Putin perderá esta guerra93/, pero difícilmente Ucrania va a “ganarla”

Todo apunta a que la invasión rusa de Ucrania, en la que Putin —creyendo aprovechar un momento de debilidad y división de la OTAN tras su retirada humillante de Kabul el pasado agosto— ha seguido de hecho los pasos de Saddam Hussein en 1990 al caer de bruces en una trampa, va a ser un fracaso mayúsculo para el Kremlin, sólo comparable a la invasión soviética de Afganistán en los años 8094/ que precipitó el hundimiento de la URSS, y no es en absoluto descartable que tenga un desenlace muy parecido para el régimen ruso95/. Desde la Revolución francesa sólo es posible ganar guerras que tengan un mínimo de legitimidad política y viabilidad militar, tanto táctica como estratégica. Es posible que Putin acabe ganando muchas batallas, pero es manifiesto que su más que probable objetivo político inicial —crear un régimen títere amigo del Kremlin contando erróneamente con la pasividad o la anuencia de la población ucraniana rusófona— ya está totalmente descartado tanto por la inesperada resistencia ucraniana como por lo descabellado del juicio político y de inteligencia que guiaba la invasión. Lo irrealista de una aventura de este calibre pone de manifiesto una considerable confusión de Putin y una contradicción flagrante entre su propio discurso propagandístico y la realidad. Es más, conforme crecen la muerte y la destrucción, la mayoría de los objetivos estratégicos alternativos que se vaya proponiendo Putin se volverán cada vez más inviables sin un crecimiento exponencial de la violencia, que a su vez condiciona dramáticamente toda salida política estable a medio y largo plazo. Si una cosa ha cristalizado esta invasión es la conciencia nacional ucraniana y su voluntad de persistir como nación por los siglos de los siglos (en el supuesto optimista de que el porvenir de la especie pueda aspirar a ser medido con esta unidad temporal, visto el estado del mundo).

My agenda is very simple. It has only three items on it: weapons, weapons and weapons96/

Sintiendo discrepar con esta declaración estelar del ministro de exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, querría volver a centrarme en el nudo político de la guerra. Del mismo modo que resultó muy complicado alcanzar un compromiso que evitara el conflicto al negarse el gobierno Zelenski a reconsiderar las alianzas militares de Ucrania y a buscar algún tipo de estatus específico para Crimea y el Dombas capaz de impedir la guerra, ahora va a resultar mucho más complicado todavía. Decía antes que no era en absoluto descabellado haber trabajado en pos de un estatuto de neutralidad específico para Ucrania en el que un tratado con las grandes potencias hubiera velado por su seguridad y dado garantías contra invasiones como la que finalmente ha tenido lugar. Ahora el escenario de neutralidad a la austriaca o a la finlandesa parece que, si no se ha desvanecido completamente, como mínimo se ha alejado considerablemente por la intensificación de la guerra. Mucho me temo que en adelante el desenlace político de la guerra se halle a medio camino entre un escenario a la húngara (1956) o checoslovaca (1968) —despótico en lo político pero además neocolonial y extractivista en lo económico— y algo parecido a la partición de la Península coreana desde 1953 —un país troceado, ultramilitarizado, despótico en el norte y autoritario en el sur y escenario constante de provocaciones reiteradas entre ambos bandos, tanto con armas convencionales como con armas nucleares— o a contenciosos no menos peligrosos como el de Kashmir. La tercera alternativa, una mezcla de cronificación de la guerra, de escalada militar y de colapso de la sociedad ucraniana podría tener un amplio abanico de desenlaces desastrosos. Uno, cada vez menos descartable, sería el estallido de una guerra abierta entre Rusia y la OTAN, eventualidad que los entusiastas del envío de armas de la OTAN también subestiman gravemente, a mi juicio. Otro podría ser el colapso del Estado ucraniano y la proliferación de milicias ultranacionalistas de extrema derecha incontrolables97/ y fuertemente armadas practicando una especie de guerra irregular98/. Creo que el caso afgano de los 80, primero, y sirio e iraquí, más recientemente, constituyen avisos importantes del peligro real de movimientos reaccionarios fuertemente armados por potencias extranjeras en un contexto de colapso estatal99/. En fin, también es importante tener presente que lo que podríamos denominar las consecuencias económicas de la paz y la factura de la reconstrucción, independientemente de que se exijan o no reparaciones de guerra a Rusia, lógicamente irán in crescendo conforme se alargue la guerra y acentuarán dramáticamente la dependencia económica de Ucrania en el futuro.

Nunca hay soluciones exclusivamente militares a problemas esencialmente políticos

 Imagina cuántas armas tenemos. Cuántos veteranos tenemos… Tenemos la mayor cantidad de Javelins (lanza misiles portátil) del continente europeo. Sólo los británicos quizás tengan más. El potencial de estas fuerzas armadas inmediatamente se convertirá en un problema para aquellos que nos quieran crear problemas.

Yevhen Karas100/, líder de la organización neonazi C14

Volviendo al problema político nodal. ¿Qué margen de negociación real tiene Zelenski para desarrollar una política autónoma y para alcanzar algún compromiso digno que ponga fin a la guerra? En mi opinión, su dependencia creciente del apoyo financiero y la lógica política que imponen los envíos de armas occidentales, por un lado, y la radicalización del nacionalismo ucraniano y de su ala abiertamente ultraderechista, por el otro, minan de un modo considerable y creciente su margen de maniobra. ¿Cómo interpretar si no el asesinato de dos generales ucranianos, la eliminación por los servicios secretos de un miembro de la delegación negociadora ucraniana o las amenazas de muerte contra el propio Zelenski en caso de hacer alguna concesión para alcanzar un compromiso con las fuerzas invasoras?101/ Una eventual derrota total de Putin en el campo de batalla, que me parece menos probable puesto que la intervención creciente de la OTAN puede provocar una reacción patriótica en Rusia y porque el autócrata ruso es capaz de escalar la guerra hacia una confrontación con la OTAN de consecuencias incalculables si se ve acorralado102/, podría conducir a su vez a un escenario extraordinariamente peligroso de guerra civil en Rusia misma y entonces sí abrirse de par en par la puerta a un Hitler estepario. Si, por el contrario, tras las movilizaciones de la juventud y las clases medias desde 2018, se diera, por el efecto combinado de una degradación acelerada de las condiciones de vida y la llegada de sus hijos en ataúd de la guerra, un despertar de los sectores populares y la clase obrera que hasta ahora ha preferido la seguridad del autoritarismo y el paternalismo de Putin al caos de los años 90 podría darse una caída revolucionaria de Putin por obra del pueblo ruso, que abriría un escenario mucho más prometedor para la izquierda en ese gigantesco país. Pase lo que pase, me parece que la prolongación de la guerra aumenta la probabilidad de que asistamos a escenarios cada vez más cataclísmicos y es bien sabido que casi nunca se confirma el viejo prejuicio izquierdista del “cuanto peor… mejor”.

VI

Europa ante el espejo ucraniano

Detengámonos un momento en lo que esta guerra nos dice de Europa. En primer lugar, pone de manifiesto una hipocresía escandalosa en relación con la cuestión de los refugiados. Lógicamente no podemos más que celebrar la voluntad de acoger, escolarizar, regularizar, aportar ayudas a todos y todas las refugiadas ucranianas, pero es repugnante la doblez de esta calurosa acogida cuando se reserva exclusivamente a blancos, cristianos y rubios con los ojos azules (“son como nosotros” celebraban muchos corresponsales de los grandes medios occidentales, poniendo de relieve el racismo subyacente al prejuicio refugiado=morenito, ojos oscuros y musulmán). Máxime viniendo de unas instituciones que delegan en Turquía y Marruecos la represión de la migración y la llegada de refugiados —que en buena medida huyen de las guerras imperialistas mayoritariamente emprendidas por Occidente (y que, como es lógico, suelen disfrutar de mucha menos cobertura mediática), sin olvidar la participación destacada de Rusia también, en el caso de Siria— para que el foco mediático de las violaciones de los derechos humanos se traslade a terceros países, a cambio de importantes concesiones geopolíticas: intervención en Kurdistán y Siria para unos, colonización definitiva y provincialización à la Trump del Sáhara Occidental (que prácticamente ha pasado desapercibido en los medios occidentales, al estar demasiado ocupados en las bondades de los envíos de armas a Ucrania) para otros, tras años de guerra de colonización, con acuerdo exprés de la exmetrópoli —dirigida por el “gobierno más progresista de la historia”— y la Alemania “socialdemócrata” de Scholz. Ello cuando no se deja morir a miles y miles de refugiados en la enorme fosa común en la que han convertido al Mediterráneo los líderes de la dulce y civilizada Europa.

En segundo lugar, no se puede perder de vista el ya mencionado ambiente de remilitarización, de intimidación neomacartista de la disidencia y de exigencia de nuevos sacrificios a las clases populares en tiempos de guerra, que denunciaba acertadamente Miguel Urbán en la tribuna de prensa antes mencionada103/.

En tercer lugar, es enormemente inquietante que el cierre de medios de comunicación rusos como Sputnik y Russia Today (RT), acusados de propagar las fake news del Kremlin, prácticamente ha pasado desapercibida y apenas ha generado debate público. Es cierto que el sistema mediático ruso es particularmente sumiso al poder y participa de la intoxicación propagandística descarada del populismo reaccionario de Putin, que no deja de estar emparentado con el de Trump o el de Johnson. Dicho esto, ¿acaso alguien mínimamente crítico e informado no cree que la acusación de hacer propaganda no se puede hacer extensiva también a la CNN, a la BBC o a TV5 Monde, por sólo citar algunos ejemplos destacados?104/ Sin ir más lejos, en el Reino Unido desde hace años los gobiernos tories están depurando a la BBC de periodistas serios mientras presionan a los jueces para que deporten a Julian Assange a Estados Unidos para que cumpla cadena perpetua por filtrar información acerca de crímenes de guerra perpetrados por su ejército, dando un mensaje inequívoco al periodismo crítico e independiente. Lo que me parece todavía más grave en el caso que nos ocupa es que se cierren medios de comunicación sin tan siquiera órdenes judiciales. Independientemente de que sin duda existen las fake news, creo que esto atenta contra el derecho a la información y es un peligro para la democracia en los países europeos. Como explica muy bien un antiguo periodista, corresponsal en el extranjero de un conocido periódica liberal catalán105/, cuanto más lejos de casa trabajas más libertad hay para un periodista crítico y, conforme te van acercando, tanto más peligro corre tu empleo. Creo que esto también se aplica a algunos periodistas críticos que acaban de ser despedidos de RT, por ejemplo, si bien a menudo se confirme también la propagación de fake news por dichos medios. Otro affaire relacionado con la guerra y la libertad de expresión y prensa es el encarcelamiento del periodista vasco Pablo González desde hace dos meses en Polonia acusado de espionaje a favor de Rusia, sin que se conozca gestión alguna en su favor por parte del gobierno español106/. Creo que no es difícil imaginar qué se estaría diciendo en las cancillerías europeas si todo esto estuviera pasando en Cuba o Venezuela…

En fin, el apoyo de la UE107/ a la ilegalización de los 12 partidos presuntamente prorrusos y mayoritariamente de izquierdas que decidió Zelenski108/ por decreto el pasado 20 de marzo me parece de una gravedad extraordinaria109/. Cómo es posible apoyar la enésima limitación de derechos democráticos en Ucrania desde 2014 cuando lo que necesita ese país es preservar al máximo el pluralismo político, propiciar el debate y la crítica y favorecer que la movilización de la ciudadanía permita abordar, no sólo los problemas de la resistencia de hoy, sino también los aspectos políticos, sociales y económicos de la reconstrucción de su país en interés de la mayoría mañana. En fin, esta lógica de la excepcionalidad que subvierte la norma, instalada en el mundo desde como mínimo el 11 de septiembre de 2001110/, es un aviso muy inquietante de las lógicas liberticidas del ya turbulento escenario mundial que esta guerra no hace más que radicalizar111/.

VII

Desenlaces inciertos y cambio radical de época

La inflación y la carestía van a provocar otros cambios en Europa. El ulterior deterioro de las condiciones de vida de la mayoría social que se sumará a las consecuencias de la crisis del 2008 y de la pandemia, ¿a quién beneficiará electoralmente? En España tenemos un escenario bastante claro a ese respecto, en el resto de la UE cada país tiene el suyo. ¿Qué regímenes administrarán el general deterioro del bienestar en los distintos países de Europa? Parece que no solo Rusia, y por supuesto Ucrania, sino todos vamos a salir perdiendo con los “cambios de régimen” que la guerra determina.

Rafael Poch de Feliu, “Cambios de régimen”

https://ctxt.es/es/20220301/Firmas/39208/Rafael-Poch-Estados-Unidos-Regimen-Rusia-modelo-gobierno.htm

A pesar de las hipótesis adelantadas en el apartado anterior, a día de hoy resulta muy difícil vislumbrar el desenlace del conflicto. Putin parece decidido a llegar hasta el final a todo precio. Conforme se recrudezca la guerra la tensión internacional no hará más que aumentar, así como la voluntad de la OTAN y la UE de librar una guerra por procuración intentando teledirigir en su propio beneficio la resistencia militar ucraniana, por un lado, y desestabilizar la sociedad rusa agudizando las sanciones económicas, por otro112/. En esta dinámica cuesta mucho más imaginar una salida negociada que una generalización del conflicto a otros países con el enorme riesgo que comporta de degenerar en conflagración mundial113/. Es más, si como se ha confirmado, la inteligencia norteamericana acertó en el pronóstico de que Putin lanzaría la invasión (decisión que, según estas mismas fuentes, no adoptó hasta febrero mismo), si realmente los americanos buscaban evitar el conflicto, ¿por qué no tomaron ninguna iniciativa con ese fin en ese momento, en lugar de limitarse a hacer “diplomacia de megáfono”114/ y a filtrar a la prensa los planes de invasión? Esta pregunta no se la ha planteado nadie en los grandes medios de comunicación occidentales y a mi juicio permite plantear la hipótesis de que al menos Estados Unidos, y quizás también el Reino Unido115/, no sólo no hicieron nada para impedir la guerra, sino que, por el contrario, existen ya indicios consistentes para pensar que estaban interesados en alentarla, a la vista de la situación actual.

Pero, volviendo a la presente situación, resultante de la combinación de las acciones y omisiones hasta aquí expuestas, en mi opinión cualquier mínimo incidente (o accidente) entre fuerzas terrestres, navales o aéreas de Rusia y la OTAN —no sólo en las inmediaciones de Ucrania, sino en cualquiera de las zonas del mundo en las que están desplegadas y existe riesgo de contacto físico (Mar Negro, Báltico, Pacífico Norte, Mediterráneo, Oriente Medio, Sahel, etc.)— podría descontrolarse en cualquier momento116/. Hoy en día no existen canales de gestión de la tensión entre bloques militares como los que gestionaron la Guerra Fría y cualquier accidente o error de cálculo podría descontrolarse rápidamente y abrir una espiral infernal en sentido estricto117/. Esta es sin asomo de duda la coyuntura más peligrosa que ha vivido la humanidad desde la crisis de los misiles de Cuba en octubre de 1962.

Es más, la insistencia de las cancillerías occidentales en los crímenes de guerra cometidos por las tropas de ocupación —que seguramente se confirmarán en el futura con investigaciones independientes y que se dan en la mayoría de las guerras imperialistas pero que, al igual que las invocaciones a los derechos humanos, sólo se denuncian en el caso de Estados enemigos118/— también busca impedir toda salida negociada apelando a la imposibilidad de sentarse a negociar con criminales de guerra e implícitamente dando a entender que no hay más salida que la destrucción total del régimen que lideran.

Todo ello nos obliga a poner toda la carne en el asador de la movilización ciudadana contra la invasión rusa y en apoyo a la resistencia ucraniana, pero también, y a la vez, de denuncia del rol de la OTAN y la toma de conciencia del peligro que comportan los bloques militares y la carrera de armamentos. Sin duda el 24 de febrero de 2022 inauguró un giro histórico radical y dramático119/, caracterizado por nuevas turbulencias económicas120/ que se añaden a la crisis de fondo que arrastramos desde el 2008 y ya profundizadas por el coronavirus, por dinámicas de remilitarización121/ y fortalecimiento de la OTAN —con nuevos riesgos asociados a una hipotética ampliación a Suecia y Finlandia—, una nueva supeditación de la UE a la lógica militarista de Washington, un ambiente macartista de criminalización de la disidencia, un reforzamiento del neofascismo… Sin olvidar un más que probable nuevo despliegue de armas nucleares estratégicas y tácticas en Europa comparable al que tuvo lugar durante la segunda guerra fría de los años 80 y el ya mencionado peligro de que en cualquier momento esta nueva situación pueda degenerar en un choque entre potencias nucleares en el que perderían todas y cada una de ellas122/. Último, pero no menos importante, esta guerra está desviando la atención de los problemas más graves y los retos más urgentes que tiene planteada la humanidad en este momento: la lucha contra el calentamiento global, la explosión de las desigualdades y la creciente amenaza mundial de la extrema derecha. Ante un panorama tan adverso, lo primero que hay que hacer, como recordaba Rosa Luxemburg, es tener una visión de conjunto, mantener la calma y conservar una ligera sonrisa.

VIII

¿Qué tipo de solidaridad?

Este es, por supuesto, otro siglo, y la izquierda está en una posición mucho más débil, con mucha menos influencia en el curso de los acontecimientos. Por la misma razón, es mucho más vulnerable a ser arrastrada o barrida por una confrontación militarizada de grandes potencias en cuya creación no ha participado. Algunas de las viejas herramientas -el internacionalismo, la solidaridad de clase, una feroz e intransigente claridad analítica- serán necesarias para rearmar a la izquierda contra esta nueva ronda de contención interimperial: contra los poderosos, tanto contra sus guerras como contra su paz.

Tony Wood, cit.

Sin duda la solidaridad con el pueblo ucraniano en general y con el pueblo de izquierdas en particular que resiste la invasión de Putin es la prioridad del momento, sin olvidar la importancia capital de apoyar al movimiento antiguerra ruso. Por ello la corriente política en la que milito centra su apoyo en las dos principales organizaciones anticapitalistas e internacionalistas hermanadas de ambos países, Sotsialnyi Rukh en Ucrania y el Movimiento Socialista Ruso123/.

Sin duda, los dos elementos más positivos del terrible drama en curso son la movilización de masas por la defensa nacional en Ucrania contra la brutalidad de la invasión putinista y una no menos admirable movilización del movimiento antiguerra y socialista ruso, que está sufriendo una represión muy dura. Dicho esto, al igual que en los tiempos del Maidán, la izquierda ucraniana, a pesar de estar en proceso de recomposición, está obligada a luchar en un contexto muy adverso y en un clima de intenso antimarxismo. Ello me lleva a pensar que, en la izquierda, los sectores que ponen más el acento en las carencias armamentísticas ucranianas tienden a exagerar también las potencialidades progresistas de la situación, hablando de un proceso imaginario de “autoorganización”. En mi opinión, la enorme movilización popular ucraniana en pos de la defensa nacional y el despliegue solidario de ayuda mutua en barrios y localidades por el momento no está cristalizando formas de autoorganización. Decir esto no supone menospreciar su importancia, sino simplemente matizar las características de su dinámica. La movilización ciudadana se está organizando al modo de la Civil Defence Service que el gobierno Churchill puso en pie en el Reino Unido al principio de la Segunda Guerra Mundial, esto es, encuadrada por el gobierno y en el marco del Estado. Los fenómenos de autoorganización popular se dan en contextos de autoactividad de las masas que, aun siendo deseables, no se dan por el momento, en buena medida porque responden normalmente a una lógica de autonomización política frente a las instituciones. Es más, la autoorganización suele implicar la capacidad de suplir mediante organismos creados desde la lucha necesidades populares cotidianas que una crisis del Estado y/o de la economía no pueden satisfacer de un modo normal. Sin duda sería un escenario deseable, máxime si se diera en una dinámica de desarrollo de valores progresistas que fueran entrando en contradicción, cuando no en antagonismo, con la línea derechista del gobierno Zelenski. No obstante, creo que un escenario de cronificación de la guerra difícilmente va a reforzar a la izquierda y, lo que es más inquietante, probablemente incremente en su lugar el poder de la extrema derecha en un contexto, en absoluto descartable, de crisis o quiebra del Estado. Por consiguiente, me parece vital no confundir la realidad y el deseo y concentrarnos en reunir el máximo de recursos políticos y materiales para reforzar a la izquierda socialista tanto ucraniana como rusa, poner a su alcance los medios logísticos que tengamos e intentar implicar también al tejido social y sindical de los diversos países en el reforzamiento de sus contrapartes.

Un segundo aspecto capital es la exigencia a la Unión Europea de que acoja, no sólo a los refugiados no varones, ancianos y niños que huyen de Ucrania, sino también a los desertores rusos, a los exiliados rusos que huyen de la represión de Putin y, último pero no menos importante, a los objetores de conciencia ucranianos que, por los motivos que sea, no se unan voluntariamente a la defensa armada de su país. Creo que este pack es fundamental para la izquierda anticapitalista europea.

Otro eje importantísimo de solidaridad con el pueblo ucraniano es la abolición de su deuda externa, algo que pretenden silenciar los gobiernos europeos con su machacona insistencia en los envíos milagrosos de armas, que supuestamente resolverían todos los problemas. Lógicamente, otra de las paradojas históricas que estamos viviendo es que, mientras en el Maidán en 2014 volaban cócteles molotov, romantizados por la prensa global, en pos de la incorporación al sueño europeo… en Atenas los cócteles, considerados terroristas en este caso, volaban para denunciar la pesadilla de las imposiciones del capital centroeuropeo, que exigía el suicido social de Grecia en el altar del pago de la deuda. Es muy probable que tras el conflicto Ucrania también sufra la pesadilla europea de la deuda, con su correlato de nuevos recortes, privatizaciones y colonización económica. A pesar de su idilio amoroso con Zelensky, creo que  negativa actual de la UE a abolir la deuda ucraniana es una señal inequívoca de ello.

Un cuarto eje que me parece esencial es dirigir las sanciones, no contra el pueblo —contra el ruso… e indirectamente contra el conjunto de las clases populares del mundo entero, por cierto—, sino a la oligarquía rusa, pero también a la oligarquía ucraniana e internacional que saquea a los países, que apoya el populismo reaccionario y que destruye las conquistas sociales de dos siglos de movimiento obrero. Atacar exclusivamente a la oligarquía rusa es hipócrita si no se hace extensivo al conjunto de la oligarquía transnacional (ese famoso 1% del que hablaban los activistas de Occupy Wall Street), lo cual exige atacar globalmente los paraísos fiscales y hacer un registro de fortunas offshore ocultas en el mundo, algo a lo que, por descontado, se oponen firmemente las elites europeas. Es más, es un escándalo que la inmensa mayoría de los países que han aplicado acríticamente los dictados de Washington contra la Federación rusa en el terreno de las sanciones en su mayor parte coincide con los gobiernos que se niegan a aplicar las medidas promovidas desde hace años por la campaña BDS contra el Estado de Israel124/. Unido a ello, pero con un impacto todavía mayor en frenar la maquinaria de guerra de Putin, está la ya citada medida de decretar un boicot generalizado sobre los hidrocarburos rusos y utilizarlo como una palanca de urgencia para acelerar la transición energética mediante enormes inversiones de recursos en energías renovables guiadas por las exigencias de la emergencia climática que vivimos en todo el mundo.

En fin, creo que un último deber de solidaridad, pero que no es de una importancia menor, es que la izquierda europea se mantenga fiel a sí misma y no se confunda jamás ni de enemigo ni de combate.

Andreu Coll es militante de Anticapitalistas, sección de la IV Internacional en el Estado español

Barcelona, 12/5/22

1/ https://ctxt.es/es/20220301/Politica/38974/Noam-Chomsky-guerra-Ucrania-Rusia-Putin-EEUU-OTAN-geopolitica-Polychroniou.htm

2/ Vid. este editorial de la Monthly Review https://monthlyreview.org/2022/03/07/mr-073-11-2022-04_0/

3/ Vid. Rafael Poch, “Hacia una quiebra de Rusia” en https://rafaelpoch.com/2022/03/01/hacia-una-quiebra-en-rusia/

4/ https://elpais.com/elpais/2016/03/07/eps/1457353410_506770.html.

5/ Lo recordaba muy poéticamente un amigo hace poco: https://vientosur.info/ucrania-y-la-doctrina-del-shock/

6/ La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, Ed. Planeta, Barcelona, 2012.

7/ https://newleftreview.es/issues/94/articles/perry-anderson-rusia-inconmensurable.pdf.

8/ https://www.elsaltodiario.com/opinion/richard-seymour-guerra-ucrania-beligerantes.

9/ https://jacobinlat.com/2022/03/14/los-ataques-orwellianos-contra-los-criticos-de-la-otan/

10/ https://ctxt.es/es/20220301/Firmas/39043/ucrania-rusia-guerra-bbc-jonathan-cook-gaza-palestina-israel-doble-rasero.htm.

11/ https://puntodevistainternacional.org/project/contra-la-escalada-militar-de-la-otan-y-rusia-en-europa-oriental/?et_fb=1&PageSpeed=off

12/ Vid. https://jacobinlat.com/2022/03/16/la-eterna-marcha-hacia-el-este/

13/ Un artículo muy equilibrado, completo y sintético inmediatamente posterior a la invasión es el siguiente de Valerio Arcady https://jacobinlat.com/2022/02/28/ucrania-ni-putin-ni-la-otan-son-inocentes/

14/ Quien a cambio apoyaría la “guerra contra el terrorismo” de George W. Bush a partir del 11S de 2001.

15/ Rafael Poch de Feliu, Entender la Rusia de Putin, Ed. Akal, Madrid, 2018, p. 83.

16/ La terapia de choque procapitalista, la depauperación generalizada y humillaciones económicas infligidas por Geoffrey Sachs están bien descritas en Cédric Durand, “Cold peace”:

https://newleftreview.org/sidecar/posts/cold-peace

17/ Este artículo de Volodymyr Ishchenko, uno de los principales intelectuales marxistas ucranianos, también es muy esclarecedor al respecto: https://jacobinlat.com/2022/02/13/lo-que-hay-que-saber-de-ucrania/

18/ Vid https://rafaelpoch.com/2022/02/15/haciendo-memoria/

19/ https://rafaelpoch.com/2022/02/02/reventando-el-polvorin-ucraniano/

20/ A pesar de no haberse esclarecido la autoría de los hechos, como mínimo se sabe que los disparos provenían de un edificio controlado por los manifestantes —no por la policía de Yanukovich—. El profesor emérito de la Universidad de Princeton y autor de la principal biografía sobre Bujarin, Stephen Cohen (War With Russia?: From Putin & Ukraine to Trump & Russiagate, Hot Books, 2019), considera casi probado que los disparos fueron perpetrados por tiradores del Pravi Sektor. La misma tesis es sostenida por el politólogo de la Universidad de Ottawa Ivan Katchanovski en un documentado estudio: https://www.researchgate.net/profile/Ivan-Katchanovski/publication/266855828_The_Snipers’_Massacre_on_the_Maidan_in_Ukraine/links/5a83a7f7a6fdcc6f3eb295a5/The-Snipers-Massacre-on-the-Maidan-in-Ukraine.pdf

21/ Vid https://newleftreview.org/issues/ii133/articles/volodymyr-ishchenko-towards-the-abyss

22/ Véase al respecto este informe de Amnistía Internacional

23/ Incluso se ha entrado en una lógica de revisionismo histórico —muy parecido, por cierto, al que existe en la Rusia putiniana— que ha conducido a la censura de obras como Stalingrado, del eminente historiador militar británico Anthony Beevor, nada sospechoso de simpatizar con la URSS y menos con Putin. Aquí Beevor reflexiona sobre su caso y más en general sobre los peligros del revisionismo histórico y de la judicialización de la historiografía. https://www.theguardian.com/books/2018/feb/03/antony-beevor-stalingrad-ukraine-ban-censorship

24/ Vid. el reciente artículo de Tony Wood:  https://newleftreview.org/issues/ii133/articles/tony-wood-matrix-of-war

25/ Afortunadamente existe un informe bastante concluyente sobre los hechos por parte del Consejo de Europa: https://www.wsws.org/en/articles/2016/01/19/odes-j16.html

26/ La represión de Milosevic contra los albano-kosovares en 1999, que a mi juicio fue mucho más limitada, y la creación de la UÇK —como sabemos hoy— con algunos sectores provenientes del crimen organizado y en parte encuadrados por la CIA, fue pretexto suficiente para que la OTAN lanzara su primer ataque militar en suelo europeo tras la Guerra Fría.

27/ No olvidemos que el papel de Saakashvili en el intento fallido de Georgia en recuperar militarmente Osetia del Sur y de incorporar a aquella exrepública soviética a la OTAN constituyó un punto de inflexión clave en el deterioro de las relaciones con Rusia y en la reconstrucción de un imperialismo regional por parte del Kremlin. Vid. Poch, op. Cit., p. 108.

28/ https://www.eurozine.com/caught-in-the-geopolitical-crossfire/#anchor-footnote-6

29/ No obstante, hay indicios bastante consistentes para dudar de la honradez del combate anti-oligárquico de Zelenski, vid. https://www.theguardian.com/news/2021/oct/03/revealed-anti-oligarch-ukrainian-president-offshore-connections-volodymyr-zelenskiy

30/ No obstante, no perdamos de vista que es un firme defensor del imperialismo occidental. Esta carta abierta procedente de Palestina nos recuerda dos cosas fundamentales: en primer lugar, la hipocresía extrema y la doble vara de medir del imperialismo occidental ante ocupaciones de gobiernos “amigos” y, en segundo lugar, que no deja de ser un cómico quien preside el terrible drama del pueblo ucraniano: https://vientosur.info/paralelismos-entre-la-ocupacion-de-ucrania-y-la-de-palestina/. Es muy recomendable también esta declaración del Comité Nacional Palestino del BDS acerca de las sanciones contra Rusia y la escandalosa hipocresía que destilan en muchos casos: https://rafaelpoch.com/2022/03/27/la-respuesta-del-occidente-ante-invasion-rusa-demuestra-que-no-hay-excusas-para-rechazar-el-bds-contra-la-ocupacion-israeli/

31/ Véase a este respecto la siguiente entrevista a Volodymyr Ishchenko, uno de los principales intelectuales de izquierdas del país: Vid: https://rafaelpoch.com/2022/03/26/esta-guerra-no-era-inevitable/#more-923

32/ Vid. Tariq Ali, “News from Natoland” https://newleftreview.org/sidecar/posts/news-from-natoland

33/ Es cierto que Putin utiliza la cuestión de la OTAN como un elemento propagandístico para legitimar su propia agenda imperial reaccionaria (como sostiene acertadamente David Ost: https://vientosur.info/rusia-ucrania-la-otan-y-la-izquierda/), sin embargo, tampoco se puede entender la creciente agresividad imperial de Putin al margen de la expansión de dicha organización militar. A mi juicio, que esta guerra estalle ahora no es exclusivamente fruto, ni de un arrebato ni de un cálculo equivocado de la correlación de fuerzas internacional por parte de Putin, sino la culminación de una pugna interimperialista por el control político, económico y militar de Ucrania que se remonta, como mínimo, a 2014.

34/ Es interesante este artículo de Kessler a este respecto https://jacobinlat.com/2022/02/27/las-fantasias-antibolcheviques-de-putin-podrian-ser-su-perdicion/?fbclid=IwAR1vAajatyEEsv6GOvgohV_kuIDgY1hWK4pPGDnfEbEQQYidMG25GKDY_PU

35/ https://responsiblestatecraft.org/2022/02/15/the-origins-of-the-ukraine-crisis-and-how-conflict-can-be-avoided/

36/ Slavoj Zizek nos recordaba la hipocresía nauseabunda que destila el entusiasmo de los gobiernos e instituciones de la UE en favor de la acogida de los refugiados ucranianos, que sin duda apoyamos, cuando son responsables de un auténtico genocidio, con sus necropolíticas en pos de la Europa fortaleza, al convertir al Mediterráneo desde hace años en una inmensa fosa común de refugiados procedentes de Oriente Medio y el Norte de África, que huyen en su mayor parte de las guerras y las desigualdades provocadas por el imperialismo occidental: https://www.project-syndicate.org/commentary/europe-unequal-treatment-of-refugees-exposed-by-ukraine-by-slavoj-zizek-2022-03/spanish

37/ Tiene razón Marco d’Eramo (https://newleftreview.org/sidecar/posts/216) cuando sostiene que la Unión Europea no ha sabido tener otra relación con Rusia que no fuera darle la espalda, dado su tamaño, potencial militar y naturaleza euroasiática, factores que siempre han generado un pánico identitario en la UE, algo parecido a las contradicciones que ha generado históricamente en su relación con Turquía.

38/ Aquí pueden encontrarse todos los textos: https://vientosur.info/debate-la-guerra-en-ucrania-y-el-antiimperialismo/

39/ En la que participaron 1700 efectivos enviados por el entonces presidente ucraniano Kuchma en misión de “estabilización”, vid. Tony Wood, cit.

40/ Vid. Perry Anderson, “¿Ukania perpetua?” https://newleftreview.es/issues/125/articles/ukania-perpetua-translation.pdf

41/ Por cierto, según el analista conservador ya citado, Robert Kaplan (cit.), un escenario de desestabilización político-militar en la frontera Sur de Estados Unidos es una eventualidad en absoluto descartable en los próximos años.

42/ Si bien hay que condenar sin ambigüedades la propaganda putinista que da por hecho que Ucrania no es un Estado viable y que asimila la intención de Ucrania de ingresar en la OTAN a un peligro inmediato para la seguridad de Rusia e intenta legitimar así una invasión criminal e imperialista, no es menos cierto que los estadounidenses habían instalado importantes complejos militares en el país, como la base naval de Ochakiv (https://navalpost.com/u-s-plan-to-modernize-naval-base-at-ukraine/) o la base de Yavoriv (https://www.clarin.com/mundo/guerra-rusia-ucrania-base-unidos-entreno-27-000-soldados-ucranianos_0_hPJr7DjiY1.html). Es más, según Noam Chomsky, lo que parece haber precipitado la crisis que estamos viviendo es un protocolo de relación militar con Estados Unidos que parecía acelerar considerablemente la perspectiva de incorporar a Ucrania a la OTAN, tal como se puede constatar en la Declaración Conjunta sobre la Asociación Estratégica entre Estados Unidos y Ucrania firmada por la Casa Blanca el 1 de septiembre de 2021: https://www.whitehouse.gov/briefing-room/statements-releases/2021/09/01/joint-statement-on-the-u-s-ukraine-strategic-partnership/

43/ Vid. Perry Anderson, El Nuevo Viejo Mundo, Ed. Akal, Madrid, 2012.

44/ Vid. https://vientosur.info/otan-control-geopolitico-soberanias-limitadas-e-involucion-politica/ y el libro de Daniele Ganser, Los ejércitos secretos de la OTAN, la Operación Gladio y el terrorismo en Europa Occidental, Ed. El Viejo Topo, Barcelona, 2010.

45/ Creo que ello explica que este manifiesto de solidaridad con Ucrania no haga mención alguna a la OTAN al referirse a la guerra en curso (Castellano | European Solidarity Network with Ukraine (ukraine-solidarity.eu). Creo que esta iniciativa es a la vez muy limitada para construir la solidaridad internacional y muy inconsistente en términos de caracterización del conflicto. Por consiguiente, organizaciones como Anticapitalistas, que ha aprobado explícitamente que no participará en ninguna iniciativa que no condene a la vez tanto al único responsable de la guerra (Putin) como a la principal organización responsable de dinamitar la paz (la OTAN), declinó firmarlo. Sus promotores prefirieron lograr la adhesión de la organización polaca Razem, abiertamente atlantista y pronuclear, que cree que la pertenencia de Polonia a la OTAN no es suficiente y defiende por consiguiente la creación de un Euroejército en su seno para reforzar las “tareas de defensa” (https://en.wikipedia.org/wiki/Left_Together)… Adhesión, decía, que se logró al precio de retirar toda referencia crítica a la OTAN del manifiesto.

46/ Creo que libros como La venganza de la geografía (RBA editores, Barcelona, 2013) y El retorno del mundo de Marco Polo (RBA editories, Barcelona, 2019), de un autor tan poco sospechoso de ser amigo de Putin como Robert Kaplan, uno de los mayores exponentes de la corriente realista en relaciones internacionales, ilustran muy bien que todos los Estados son paranoicos sobre su seguridad ante otros Estados y, como solía decir Manuel Vázquez Montalbán a propósito de la URSS en la que se formó el exagente de la KGB Vladímir Putin y que sin duda puede hacerse extensivo a la Rusia que preside en la actualidad, “lo peor que le puede suceder a un paranoico es que le persigan”.

47/ Juan Carlos Pereira, Historia de las relaciones internacionales contemporáneas, Ed. Ariel, Barcelona, 2009.

48/ Según la expresión de Cédric Durand: https://newleftreview.org/sidecar/posts/cold-peace

49/ Que en esta guerra aparece ante amplios sectores como una organización defensora del débil contra el fuerte, como apunta acertadamente Franco Turigliatto: https://anticapitalista.org/2022/03/20/contro-le-aggressioni-imperialiste-per-il-ritiro-delle-truppe-russe-dallucraina/

50/ Comparto plenamente aquí muchos de las líneas de reflexión de Wolfgang Streek en un artículo reciente: https://www.elsaltodiario.com/carta-desde-europa/wolfgang-streeck-guerra-ucrania-todos-perdedores

51/ Nunca se insistirá lo suficiente en que la declaración de la OTAN tras su cumbre de Bucarest en abril de 2008, en la que se anunciaba que Georgia y Ucrania se incorporarían a dicha organización, con una responsabilidad muy destacada de Estados Unidos en ello, constituye sin ninguna duda un verdadero punto de inflexión en la degradación acelerada de las relaciones entre Occidente y Rusia tras el fin de la Guerra Fría y uno de los estímulos más potentes para que ésta intentara reconstruir un área de influencia en la región y así obstaculizar dichos planes. Una promesa que, además, al carecer de plazos concretos, convertía a dichos países en blanco de posibles represalias rusas. Le guerra ruso-georgiana que se desencadenó unos meses después ya prefiguraba el guión del drama ucraniano actual. Rusia había cambiado de política, pero Washington siguió con el piloto automático. De esos polvos, estos lodos. Vid. Tony Wood, cit.

52/ Algo que reconoce el propio Achcar (https://vientosur.info/para-los-fabricantes-de-armas-la-guerra-en-ucrania-es-un-gran-negocio/), pero pasando de puntillas sobre una cuestión fundamental, a saber, que la intervención de la OTAN en Ucrania, con el envío de “armas defensivas”, que apoya el autor, es el principal vínculo inmediato entre la invasión rusa y relanzamiento de la industria militar occidental, independientemente de las evidentes exageraciones propagandísticas sobre el poderío militar ruso que apunta acertadamente.

53/ https://vientosur.info/en-esta-hora-de-grave-peligro-en-solidaridad-con-la-resistencia-ucraniana-reconstruyamos-el-movimiento-antiguerra-internacional/

54/ Como muy bien apunta Noam Chomsky (https://www.sinpermiso.info/textos/centremonos-en-evitar-una-guerra-nuclear-en-lugar-de-debatir-sobre-la-guerra-justa-entrevista-a-noam), parece que lo que ha actuado como detonante de la crisis fue el documento siguiente (https://www.whitehouse.gov/briefing-room/statements-releases/2021/09/01/joint-statement-on-the-u-s-ukraine-strategic-partnership/), el parteneriado estratégico USA-Ucrania que aplanaba el camino a la integración de Ucrania en la OTAN.

55/ En esta documentación el gobierno norteamericano (https://www.whitehouse.gov/briefing-room/statements-releases/2022/03/16/fact-sheet-on-u-s-security-assistance-for-ukraine/) sólo detalla el contenido del último cargamento de armas enviado a Ucrania, lógicamente no contabiliza todos los envíos recientes anteriores a la invasión o de los años anteriores al estallido de esta crisis.

56/ Para un informe detallado de los envíos de armas de Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea véase este informe de la Cámara de los Comunes británica:

https://researchbriefings.files.parliament.uk/documents/CBP-9477/CBP-9477.pdf

57/ Se ha dicho que la oposición a la OTAN es, en el Estado español, una cuestión “identitaria” (vid. https://www.elsaltodiario.com/laplaza/otan-no-o-la-crisis-de-identidad-de-la-izquierda-espanola). Ciertamente, puede haber gente que haga gala de un antiamericanismo primario propio de otros tiempos y, efectivamente, una visión campista que jerarquice el grado de progresismo de cada Estado según su nivel de antagonismo con Estados Unidos; sin duda otros utilizan su rechazo a la OTAN para diferenciarse y tapar decisiones desastrosas como incorporarse a gobiernos de colaboración de clases y de gestión leal del sistema… pero a mi juicio —y creo que es una idea compartida por el grueso de la izquierda alternativa y los movimientos sociales del lugar— la necesidad de oponerse a la OTAN se fundamenta en una evidencia: se trata, no del único, pero sí del principal y más poderoso brazo armado del capitalismo mundial y por consiguiente de una estructura de poder contrarrevolucionaria que, como toda organización militar, es de carácter ofensivo por mucho que sistemáticamente proclame lo contrario. Es más, su naturaleza ofensiva ha quedado ampliamente acreditada tras sus intervenciones en los Balcanes, Libia y Afganistán desde el fin de la Guerra Fría. Mucho me temo que si esto se pierde de vista en países como Francia no le auguro un futuro muy prometedor a sus fuerzas de izquierda.

58/ Los militantes de Anticapitalistas tenemos el honor de contar entre nuestras filas con Miguel Urbán, uno de los únicos 15 eurodiputados que votaron en contra de una resolución del PE que aprovechaba la conmoción de la opinión pública ante la invasión para poner en marcha un programa de relanzamiento militarista y de agresividad neoimperialista debidamente engrasado con un ambiente de unión sagrada y adornado, a su vez, con un envoltorio de hermosas proclamas solidarias. Aquí se puede leer la justificación de su orientación de voto: https://www.eldiario.es/euroblog/parlamento-europeo-vota-caminar-senderos-gloria_132_8833235.html

59/ Esto está brillantemente expuesto en una de las obras capitales de geopolítica redactada por un referente de la política exterior estadounidense y gran artífice de la trampa afgana que hundió a la URSS en los 80: Zbigniew Brzezinski, El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos, Ed. Paidós, Barcelona, 1997. Un texto clave para entender las dinámicas de Longue Durée en política internacional en general y estadounidense en particular. También lo recuerda desde posiciones de izquierda inspiradas por la máxima de Liebknecht, “el enemigo está en casa”, Leandros Fischer https://www.contretemps.eu/guerre-ukraine-critique-imperialisme-gauche-allemande/

60/ Vid. Peter Gowan, La apuesta por la globalización. La geoeconomía y la geopolítica del imperialismo euro-estadounidense, Ed. Akal, Madrid, 2000.

61/ No logro resistirme a recomendar el film del director y guionista australiano David Michôd, “Máquina de guerra”, una sátira divertidísima de este periodo, basada por lo demás en hechos reales, a mi juicio comparable a los clásicos del género de cineastas como E. Lubitsch, B. Wilder o S. Kubrick, una excepción brillante que confirma la regla de la mala calidad general de las producciones cinematográficas de Netflix.

62/ Para un sintético relato factual de un veterano militante pacifista sobre la evolución estratégica de la OTAN vid. https://blogs.publico.es/cronicas-insumisas/2022/03/01/la-guerra-de-ucrania-responsabilidades-asimetricas/

63/ Creo que este artículo de Francisco Louça da en el clavo en este aspecto y corrobora que dinamitar el proyecto Nord Stream 2 era un objetivo estratégico de la Administración Biden: https://www.contretemps.eu/ukraine-russie-strategie-sanctions-victoire-usa/

64/ He aquí un interesante artículo sobre el infradesarrollo social y la postración del movimiento obrero que comporta un complejo militar-industrial hipertrofiado, como en el caso de Estados Unidos, y cómo el rol imperialista y contrarrevolucionario de la OTAN ha acentuado dicha dinámica: https://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2022/03/14/causas-y-consecuencias-de-la-guerra-en-ucrania/

65/ Vid. https://www.nytimes.com/2022/02/26/world/europe/russia-putin-matteo-salvini-marine-le-pen.html

66/ Bernard-Henri Lévy, enfant terrible arrepentido del 68 que constituye el gran icono de la impostura intelectual narcisista, fuertemente potenciado por el sistema mediático francés debido a su exaltación del imperialismo liberal atlantista (y del sionismo) y por su frivolidad y conformismo de izquierdas.

[67] Vid. Daniel Bensaïd, Trotskismos, Sylone Editorial, Barcelona, 2015.

68/ En una carta abierta (https://www.sinpermiso.info/textos/una-carta-desde-kiev-a-la-izquierda-occidental), Taras Bilous denunciaba correctamente a la izquierda occidental que tan sólo culpaba al imperialismo occidental de la crisis, recordaba acertadamente que Rusia violó en 2014 el protocolo de Bucarest por el que Ucrania cedía su armamento nuclear a Rusia a cambio de garantías de su integridad territorial y hacía una serie de consideraciones normales y razonables desde el punto de vista de la izquierda ucraniana, que sin duda habrán influido mucho en los compañeros que tienden a generalizar la etiqueta de “campista” a todo el mundo que sigue pensando que es vital entender el rol del imperialismo occidental y no reducen exclusivamente este conflicto a una guerra de liberación nacional. Sin embargo, cuando Taras Bolous hace una analogía con la invasión de Iraq en 2003 por Estados Unidos olvida que a nadie en la izquierda y el movimiento antiguerra occidentales se le ocurrió hacer campaña en favor del envío de armas a Iraq, un Estado soberano a pesar de ser una dictadura, para impedir la invasión norteamericana de 2003. Tampoco menciona lo que a mi juicio es el núcleo político del conflicto armado actual, si bien ciertamente no implicara un riesgo inmediato para Rusia y menos todavía una justificación para una invasión sin duda criminal y condenable desde todos los puntos de vista: la decisión de la Rada ucraniana de abandonar en 2014 su condición de país no alineado e incorporar hasta en la Constitución de 2019 —algo que no se da en ningún otro país del mundo— su vocación de adherirse a la OTAN, única política —el estatus de neutralidad— que garantizaba la soberanía, la cohesión nacional y la viabilidad a medio y largo plazo de Ucrania en un contexto de tensiones interimperialistas agudizadas por la crisis del imperialismo estadounidense, el ascenso de China y el giro etnonacionalista del régimen de Putin desde 2008. Con esto no estoy diciendo que un pueblo se merezca necesariamente a los políticos que tiene, pero sí que una parte importante de la izquierda ha sido inaudible ante los riesgos innegables de que Ucrania se convirtiera en instrumento del imperialismo de la OTAN contra Rusia, como ya había sucedido con Kosovo en 1999 para justificar la guerra “humanitaria” de la OTAN contra Serbia.

69/ En este artículo reciente (http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article62130) Gilbert Achcar es bastante taxativo en la afirmación de que el único apoyo efectivo al pueblo ucraniano pasa inexorablemente por el apoyo a la intervención indirecta de la OTAN en Ucrania. Además, convierte en una equivalencia la oposición a la intervención por procuración de la OTAN —olvidando que todo envío de armas está sujeto a condicionalidades (para empezar estar en las antípodas políticas de los revolucionarios vietnamitas de los 60 y 70 o de los revolucionarios sirios de 2011, por solo referirnos a un par de analogías que utiliza a menudo) y persigue objetivos propios no necesariamente coincidentes con los de los sujetos que las piden— y la negación del derecho del pueblo ucraniano a armarse en general (que apoyo sin necesidad de jalear la agencia de la OTAN).

70/ Disponible traducción castellana en puntodevistainternacional.org.

71/ Este artículo de Paul Martial, además de recordar los riesgos alimentarios que implica para África la profundización de la crisis económica por esta guerra (que se añade a los efectos gravísimos de la COVID en el continente), ilustra muy bien las causas del resentimiento antioccidental y antiOTAN en África y la simpatía que despierta todo gobierno que rete la hegemonía euronorteamericana: https://lanticapitaliste.org/actualite/international/guerre-contre-lukraine-un-desastre-aussi-pour-lafrique

72/ He aquí el debate entre Achcar y Callinicos: https://socialistworker.co.uk/long-reads/ukraine-and-anti-imperialism-gilbert-achcar-and-alex-callinicos-debate/?fbclid=IwAR3x96p9EmPinYDbsVK37KIlkjtEAwA5Aq8sRgZPRxZ7gb8A8mTFAtxj-M0

73/ https://puntodevistainternacional.org/que-nos-dice-la-invasion-de-ucrania-por-rusia-sobre-el-imperialismo-del-siglo-xxi-entrevista-a-claudio-katz/ y Ucrania: diagnósticos y controversias – Jacobin América Latina (jacobinlat.com)

74/ Aquí se puede leer la polémica entre Achcar y Kouvelakis: https://vientosur.info/debate-la-guerra-en-ucrania-y-el-antiimperialismo/

75/ Para algunos datos recientes sobre la potencia militar que representa la OTAN, vid. C. Serfati: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article61628

76/ En un artículo reciente, el historiador norteamericano Adam Tooze comparaba la “Ukraine Democracy Defense Lend-Lease Act of 2022” que acaba de aprobar el Congreso de Estados Unidos con el que puso en pie Rousevelt para sostener el esfuerzo de guerra anglosoviético contra el Tercer Reich antes de la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, tanto desde el punto de vista del volumen de ayuda militar que comprende, como por la lógica de guerra indirecta que representa, así como por las implicaciones que puede tener en términos de escalada y peligro de confrontación directa. Vid: https://www.theguardian.com/commentisfree/2022/may/04/us-lend-lease-act-ukraine-1941-second-world-war

77/ En este artículo, Francis Fukuyama, el gran propagandista del “fin de la historia”, es claro y cristalino al respecto: https://www.americanpurpose.com/blog/fukuyama/preparing-for-defeat/

78/ Cada vez hay más confirmación documental, incluso procedente de la prensa del sistema, de que hay una verdadera guerra por procuración de la OTAN contra Rusia. En este artículo se calcula que el apoyo militar norteamericano a Ucrania ya es presupuestariamente superior al coste medio anual de la ocupación de Afganistán y que dicha escalada está dando señales inequívocas del creciente peligro de derrapar hacia una guerra general: La guerra de Putin en Ucrania entra en una espiral internacional de consecuencias imprevisibles | Internacional | EL PAÍS (elpais.com)

79/ Creo que esta eventualidad está muy bien desarrollada por este artículo: https://www.lamarea.com/2022/04/22/el-peligro-de-ignorar-a-la-ultraderecha-en-ucrania/

80/ Ésta es la posición de E. Balibar (http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article61676), D. Tanuro (http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article61771) o C. Samary (https://vientosur.info/por-que-no-he-firmado-el-manifiesto-feminista-contra-la-guerra-en-ucrania/).

81/ Los norteamericanos calculaban que la invasión rusa se completaría en tan sólo tres o cuatro días, subestimando la fuerza del ejército ucraniano y exagerando, a su vez, el potencial bélico ruso. Vid: https://newleftreview.org/issues/ii133/articles/volodymyr-ishchenko-towards-the-abyss

82/ Esta entrevista con Anthony Beevor es ilustrativa de los errores y debilidades militares que está demostrando el ejército ruso: https://www.spiegel.de/international/world/british-historian-antony-beevor-putin-wants-to-be-feared-like-stalin-and-hitler-a-93a32290-fa50-425b-9cc0-5c6d2f6c9ba6

83/ https://www.publico.es/internacional/conocer-numero-muertos-guerra-ucrania.html#md=modulo-portada-fila-de-modulos:2×3;mm=mobile-big

84/ Lo que me parecería más grave de todo esto es que se llegara a creer que los fines que persiguen los envíos de armas a Ucrania por parte de la OTAN coinciden con los de la izquierda antiimperialista, cuando acepta la lógica del mal menor (vasallaje de Ucrania por Occidente) para evitar el mal mayor (su sometimiento total a Rusia).

85/ El ex jefe de la CIA Leon Panetta ha reconocido explícitamente que Estados Unidos está librando una guerra por procuración contra Rusia en Ucrania: Vid. https://www.abc.net.au/news/2022-03-25/nato-us-in-proxy-war-with-russia-biden-next-move-crucial/100937196

86/ Es bueno recordar que tanto los republicanos españoles durante la guerra civil —que, por cierto, sí sufrieron un boicot de las “democracias occidentales” en su derecho a armarse, cuando Francia e Inglaterra pusieron en pie la farsa del Comité de No Intervención— como los revolucionarios vietnamitas pagaron un precio muy alto por la ayuda militar soviética: unos constreñidos a frenar y reprimir la revolución social (sobre todo en Barcelona y Aragón) y a imponer una especie de “democracia popular” avant la lettre, los otros sufriendo las maniobras diplomáticas capituladoras del Kremlin, empezando por la partición del país en 1953. Ningún apoyo financiero o militar es neutro y está exento de subordinación política. Sólo figuras de la talla de Ho Chi Minh o Tito —quien liberó Yugoslavia de los nazis por sus propios medios, ligando liberación nacional y revolución social, moviéndose hábilmente en la pugna Stalin-Churchill y resistiendo las presiones de ambos— tuvieron la talla y la audacia de limitarla al máximo en defensa de sus intereses nacionales y de clase. Tengo dudas razonables de que Zelenski, aunque indudablemente es un patriota valiente y con agallas (como, por lo demás, las tuvo Churchill en la «darkest hour» de mayo-junio de 1940), vaya a dar muestras de una independencia política remotamente comparable, para empezar porque a pesar de todo es un político burgués proimperialista, aunque algunos amigos tiendan a olvidarlo.

87/ De ahí que suscriba plenamente la posición que Volodymyr Ishchenko en esta entrevista: https://puntodevistainternacional.org/detener-la-guerra-es-una-prioridad-absoluta-entrevista-a-volodymyr-ishchenko-sobre-el-futuro-de-su-pais-y-la-responsabilidad-de-la-izquierda-en-el-este-y-el-oeste/

88/ Al que apeló explícitamente Hillary Clinton en MSNBC News el pasado 28 de febrero.

89/ En opinión de Rafael Poch de Feliu, la guerra actual está resolviendo en los hechos una vieja división del establishment al superar la vieja dicotomía “contra Rusia o contra China” en favor de la solución siguiente: “primero Rusia y a continuación China”.

Vid: https://ctxt.es/es/20220401/Firmas/39377/Rafael-Poch-Estados-Unidos-rusia-invasion-Ucrania-guerra-Finlandia-Guerra-de-Invierno.htm

90/ Ya se reconoce oficialmente la intervención directa de la inteligencia militar norteamericana en el conflicto para proporcionar información para liquidar una docena de generales rusos. Vid. https://www.nytimes.com/2022/05/04/us/politics/russia-generals-killed-ukraine.html

91/ Todo apunta por el momento a que un golpe de Estado contra Putin es inviable a corto plazo al carecer la oligarquía rusa de medios para perpetrarlo y parece que el sistema de control de Putin ha demostrado su resiliencia a este nivel. Es recomendable este artículo de Ilya Matveev al respecto:

https://studies.aljazeera.net/en/analyses/ukrainian-invasion-implications-putin%E2%80%99s-power#a17

92/ Todavía es reciente la traición a los kurdos que luchaban contra Daesh en Siria cuando, tras años de colaboración militar y de inteligencia, y de manipulación y promesas de mal pagador, los norteamericanos se retiraron repentinamente y los dejaron a merced del ejército turco. Vid. Traicionados por Estados Unidos, los kurdos fueron clave para encontrar al jefe del Estado Islámico – The New York Times (nytimes.com).

93/ Esta era la opinión de Patrick Cockburn al principio de la guerra y considera que existen muchas posibilidades de que escale hacia un conflicto con la OTAN: https://www.counterpunch.org/2022/03/07/even-if-russia-captures-kyiv-putin-has-already-been-defeated-after-starting-unwinnable-war/

94/ Para un análisis sobre el origen del drama actual, véase el artículo de esta nueva estrella emergente de la New Left Review que, atendiendo a su calidad, promete dejar muy alto el pabellón familiar en lo que a hitos intelectuales de la izquierda se refiere: https://novaramedia.com/2022/03/03/in-ukraine-rival-worldviews-led-to-unnecessary-war/

95/ Harari, el popular autor israelí de Sapiens y Homo deus, pronosticó la derrota rusa ya en los primeros compases del conflicto: https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/vladimir-putin-perdido-guerra_129_8790058.html

96/ https://www.bbc.com/news/world-europe-61020567

97/ En esta guerra el problema de la gran influencia de tendencias ultraderechistas ya no es exclusivamente ucraniano. La llegada de miles de voluntarios, fundamentalmente exmilitares y expolicías (o incluso de funcionarios en activo) de todo el mundo también está reforzando militarmente y ofreciendo un campo de entrenamiento al neofascismo internacional. Ello no descalifica de entrada la resistencia ucraniana y, por el momento sigue siendo un problema limitado, pero no podemos perder de vista que ante la eventualidad de un hundimiento del Estado ucraniano esta guerra podría tener efectos potentísimos en la proliferación de una ultraderecha internacional armada de un modo semejante a cómo la guerra de Afganistán (1979-1989) catapultó el terrorismo de Al Qaeda a todo el mundo y las guerras de Iraq (desde 2003) y Siria (desde 2011) han sido el trampolín político, militar y económico para el desarrollo de Estado islámico. Este artículo de Miquel Ramos repasa el papel de la extrema derecha ucraniana desde el Maidán (https://blogs.publico.es/dominiopublico/42714/el-polvorin-neonazi-en-ucrania/) e incluso indaga en sus conexiones con grupúsculos que participaron en el asalto trumpista al Capitolio, para alarma del FBI…; aquí se argumenta que la cronificación de la guerra es el mejor escenario para el fortalecimiento de las tendencias ultranacionalistas (https://novaramedia.com/2022/02/22/the-far-right-is-using-the-situation-in-ukraine-to-cement-its-power/), aquí se repasa el rol de las milicias neonazis (https://vientosur.info/la-verdad-sobre-las-milicias-de-extrema-derecha/) y aquí se abordan los riesgos que comporta la llegada de miles de voluntarios extranjeros (https://www.newtral.es/voluntarios-extranjeros-ucrania/20220321/).

98/ Este artículo de Branko Marcetic me parece bastante concluyente al respecto y pone el acento en la imposibilidad de controlar —como reconocen varios responsables militares norteamericanos— el destino del armamento con los que 20 países imperialistas llevan meses inundando Ucrania :

https://jacobinmag.com/2022/04/united-states-military-aid-ukraine-war-weapons?fbclid=IwAR3_XjpuWGbCnK-3UgIUNTU24uUIfmBc4j3nYsws2oF__2fYr4yObrvCDI0

99/ Esta acertada contribución de un grupo de revolucionarios sirios exiliados con la que coincido plenamente (https://vientosur.info/diez-lecciones-de-siria/), por desgracia no aborda dos cuestiones a mi juicio claves. En primer lugar, la negativa occidental a apoyar militarmente la revolución democrática al principio de la guerra civil en Siria, que contrasta con el armamento del régimen neoliberal pro-occidental de Zelensky, demostrando que, independientemente del hecho de que Ucrania tiene todo el derecho a resistir la invasión de Putin, la OTAN jamás armará a ningún actor que no defienda abiertamente los intereses de dicha organización. En segundo lugar, no profundiza en el hecho de que el crecimiento del Jihadismo durante la guerra civil siria también tuvo mucho que ver con el apoyo financiero y militar que recibió de Estados reaccionarios como Qatar, Arabia Saudí y Turquía y, no lo olvidemos, de la CIA y el MI6 hasta prácticamente los atentados de Daesh en París y Saint-Denis (como denunciaba en su momento Patrick Cockburn https://www.farsnews.ir/en/news/13930125001019/MI6-he-CIA-and-Trkey39-s-Rge-Game-in-Syria).

100/ https://www.lamarea.com/2022/04/22/el-peligro-de-ignorar-a-la-ultraderecha-en-ucrania/

101/ En este sentido coincido bastante con este análisis de Branko Marcetic: https://www.jacobinmag.com/2022/03/left-antiwar-policy-ukraine-russian-invasion-war-levitz-liberal-interventionism

102/ En este artículo un antiguo analista de la CIA especializado en Rusia se pregunta sobre cómo puede concluir la guerra en curso. Algunas de las hipótesis que baraja no pueden ser más inquietantes: https://responsiblestatecraft.org/2022/04/29/how-will-the-war-in-ukraine-end/

103/ https://www.eldiario.es/euroblog/parlamento-europeo-vota-caminar-senderos-gloria_132_8833235.html

104/ No puedo más que compartir muchos de los argumentos de la periodista rusa Inna Afinogenova, exempleada de RT y en estos momentos indudablemente crítica con el gobierno ruso e inequívocamente opuesta a la invasión de Ucrania, sobre la propaganda en todos los grandes medios de comunicación: Donde está Inna Afinogenova y qué le pasó – YouTube

105/ Es muy interesante esta entrevista de Pablo Iglesias a Rafael Poch de Feliu: https://www.youtube.com/watch?v=yTxNH-QgDC8

106/ https://www.rtve.es/noticias/20220323/periodista-espionaje-polonia-prision-provisional/2321582.shtml

107/ https://www.europapress.es/internacional/noticia-bruselas-enmarca-suspension-partidos-opositores-ucrania-ley-marcial-plena-invasion-rusa-20220322154330.html

108/ https://www.eldiario.es/internacional/ultima-hora-invasion-rusa-ucrania-directo_6_8846082_1086968.html

109/ Por cierto, no solamente se ha perpetrado la ilegalización de los 12 partidos, sino que, por lo visto, también se está dando un aumento alarmante de registros y detenciones de blogueros y militantes de izquierdas y de la oposición a Zelenski. Además, como nos recuerdan nuestr@s amig@s de Sotsialnyi Rukh, ya desde 2014 también se descalifica como “prorrusos” a los partidos partidarios del neutralismo o simplemente poco entusiastas de la UE y la OTAN. Vid: https://www.contretemps.eu/ukraine-zelensky-interdiction-partis-pro-russes/

110/ Vid. Daniel Bensaïd, Elogio de la política profana, Ed. Península, Barcelona, 2009.

111/ Vid. https://vientosur.info/la-tormenta-perfecta-ya-esta-aqui/

112/ Por cierto, uno de los principales riesgos para el imperialismo americano en este conflicto es el debilitamiento que puede sufrir el dólar como moneda refugio por las confiscaciones de activos rusos en el extranjero. Véase https://rafaelpoch.com/2022/03/25/el-suicidio-del-dolar-ii/

113/ Artículos periodísticos recientes se refieren ya a una dinámica de “desbordamiento” de la guerra y del riesgo de extensión a Trasnistria en los próximos días: https://elpais.com/opinion/2022-05-02/desbordamiento-belico.html

114/ Vid. https://newleftreview.org/issues/ii133/articles/volodymyr-ishchenko-towards-the-abyss

115/ El pasado 26 de abril James Heappey, secretario de Estado británico para la defensa le dijo a los ucranianos que extendieran la guerra a territorio ruso. Vid Marco d’Eramo: Vid: https://newleftreview.org/sidecar/posts/radioactive-righteousness

116/ Prestigiosos analistas, como Chomsky, llevan tiempo advirtiendo del grave peligro que corremos: https://www.sinpermiso.info/textos/centremonos-en-evitar-una-guerra-nuclear-en-lugar-de-debatir-sobre-la-guerra-justa-entrevista-a-noam

117/ De hecho, Marco d’Eramo afirma que las grandes potencias están actuando como sonámbulos que se van aproximando al abismo de un modo que recuerda mucho al antecedente de la Gran Guerra de 1914. Cit.

118/ Vid. Marco d’Eramo, cit.

119/ Para una caracterización sintética y apasionadamente irónica de dicho cambio de época, véase estas notas de Mike Davis, en las que no falta un refinado sentido del humor: https://newleftreview.org/sidecar/posts/thanatos-triumphant

120/ Francisco Louça plantea que asistimos al principio del fin de la globalización de la mano de la guerra y las sanciones: “La red financiera global se está fragmentando, con el riesgo adicional de bloquear el suministro de energía y alimentos. Habrá dos internet, dos sistemas de pago y comercio, dos economías que chocarán entre sí: como 10 países tienen el 75% de la producción de todos los minerales, las fronteras de estos mundos los cruzarán. Después de la globalización, hemos entrado en el tiempo de la guerra infinita”. Vid: https://www.sinpermiso.info/textos/es-realmente-el-fin-de-la-globalizacion

121/ Según el anuario del SIPRI, el gasto militar mundial se incrementó ya un 0’7% en 2021 a pesar de la pandemia. Las políticas de remilitarización en 2022 podrían alcanzar niveles muy superiores a los de la Guerra Fría: https://www.sipri.org/sites/default/files/2021-09/yb21_summary_esp.pdf

122/ Vid. Poch https://rafaelpoch.com/2022/03/24/el-gran-peligro/

123/ Aprovecho este artículo para instar a sus lectores a apoyar nuestra campaña de apoyo financiero a la izquierda anticapitalista ucraniana y rusa: https://www.anticapitalistas.org/comunicados/campana-de-solidaridad-con-las-socialistas-de-ucrania-y-rusia/

124/ https://bdsmovement.net/es/news/la-respuesta-del-occidente-ante-invasi%C3%B3n-rusa-demuestra-que-no-hay-excusas-para-rechazar-el-bds

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