Por Román Munguía Huato | 19/03/2021

Fuentes: Rebelión

El presidente Andrés Manuel López Obrador, como parte de su formación política de hace muchas décadas, defiende y lucha por su ideario político ¿Eso es un mérito o un demérito? Todo depende de que ideología política y los principios sustentados.

Su lucha discursiva, por ejemplo, contra lo que él llama la mafia del poder indudablemente lo consideramos algo valioso pero se ha desgastado aceleradamente en la retórica. Esta poderosísima mafia siga prácticamente intocable. Su constante invocación histórica a la lucha entre liberales y conservadores se puede considerar como algo anacrónico u obsoleto en los tiempos actuales donde la lucha de clases asume otras formas históricas más complejas pero no por ello menos nítidas y cuyos protagonistas distan de ser los de los tiempos decimonónicos. Muchos liberales de ayer podrían ser hoy muy conservadores en sus ideas y acciones. López Obrador hace de cada mañanera un ring de boxeo en contra de quienes considera sus principales oponentes, pero nunca lo hemos visto confrontarse, en su momento, con Donald Trump ni lo hará jamás con Joe Biden. Tampoco lo ha hecho con los grandes empresarios quienes cometen atropellos laborales.

El presidente, sin duda, tiene millones de seguidores simpatizantes muchos de ellos fanáticos bautizados como pejezombies. Por supuesto, dentro de tales seguidores se incluyen millones de mujeres quienes lo idolatran ciegamente. López Obrador se considera así mismo como un auténtico representante histórico de las ideas liberales, pero en muchas cosas es bastante conservador. Su posición respecto, por ejemplo, a la legalización del aborto es de rechazo absoluto, aunque la matice diciendo que “no se opone a los grupos que promueven quitar las penas a las mujeres que aborten… su gobierno no promueve la despenalización de la interrupción del embarazo para no polarizar a la sociedad.” Es una forma diplomática de no confrontarse con la Iglesia más conservadora y retrograda, sino también de no perder aliados políticos con los cristianos del centroderechista Partido Encuentro Social (PES). Para el mandatario, ser admirador de la obra liberal de Benito Juárez no choca con su espiritualidad cristiana-evangelista; pero lo cierto es que aparece una contradicción política, no de fe, entre el viejo liberalismo reformista juarista y quien se dice liberal de la 4T. Pero, como muchas cuestiones políticas ¿Qué vamos a entender por polarizar la sociedad? ¿Se va a polarizar la lucha, por ejemplo, entre las católicas antiabortistas fundamentalistas y las mujeres proaborto legal? Esta polarización, de hecho, ya existe ¿O es que las mujeres quienes reivindican esta demanda justa nunca verán legalmente admitido este derecho vigente en muchas sociedades civilizadas? Las leyes, suponemos, no tratan de polarizar a la sociedad sino de reconocer jurídicamente legítimos derechos humanos, entre ellos los de las mujeres.

El escándalo mayúsculo más reciente de López Obrador es su abierta confrontación con el movimiento feminista mexicano. El pasado 8 de marzo, conmemoración del Día Internacional de las Mujeres, se abrió un conflicto de grandes proporciones. Cual Moisés bíblico en el Mar Rojo, López Obrador abrió una espacio que separan las aguas del gobierno liberal-conservador y las de millones de mujeres libertarias. Se desató una polémica escandalosa entre el presidente, su feligresía política, y las activistas feministas.

De hecho, la confrontación ya había iniciado antes de esa fecha con la candidatura de Félix Salgado Macedonio –senador con licencia– por Morena a la gubernatura de Guerrero, hoy día ratificada. Hubo protestas tanto de mujeres morenistas o independientes pertenecientes al movimiento feminista. A Salgado Macedonio se le inculpa del delito de violación y acoso sexual de cinco mujeres. También se le acusa de colaborar o de ser cómplice del narco durante su gobierno perredista en Acapulco (2005–2008). En 2007 se presentó una denuncia ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos, y este año a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia (CNHJ) de Morena, por Basilia, una mujer que asegura también haber sido víctima de abuso sexual. Tales denuncias nunca prosperaron. El 13 de enero de 2021 más de 100 diputadas de Morena exigieron formalmente en una carta que Salgado Macedonio se retirara de la candidatura. La carta fue respaldada en la plataforma Change por más de 3 mil firmas. Ninguna diputada renunció al partido. López Obrador dijo en enero de 2021 que se trataba de un “asunto partidista” propio del periodo electoral. A finales de febrero señaló que el caso deben resolverlo “los hombres y mujeres de Guerrero y la ley”, aunque insiste en que es una “campaña mediática” orquestada por los conservadores y los medios de comunicación a los que acusa de utilizar el movimiento feminista para afectarle políticamente. “¡Ya Chole!”, dijo con enfado López Obrador ante la campaña “Rompe el pacto”, impulsada por feministas en contra de la candidatura de Salgado Macedonio.

Acapulco, una madriguera de narcos durante el gobierno de Salgado Macedonio. La periodista Anabel Hernández dice que Salgado Macedonio tiene doble cara: “dócil con los narcos, violento con las mujeres”. Ella afirma que “Fue un dócil anfitrión del Cartel de los Beltrán Leyva y del narcotraficante estadounidense Edgar Valdez Villarreal, alias La Barbie. Durante su gobierno, la ciudad se convirtió en punto de arribo de toneladas de cocaína y bodega de drogas. https://www.dw.com/es/la-doble-cara-de-f%C3%A9lix-salgado-macedonio-d%C3%B3cil-con-los-narcos-violento-con-las-mujeres/a-56523455

El Palacio blindado. El 8 de marzo, a las afueras del Palacio Nacional, en pleno Zócalo, se colocaron unas planchas de fierro en dos barreras para impedir que las manifestantes se aproximaran al edificio presidencial. El gobierno adujo que era para proteger el inmueble como patrimonio histórico. El presidente aseguró que las vallas metálicas que se instalaron en Palacio es para evitar la provocación y la confrontación durante las marchas de mujeres; así como para evitar que se dañe a integrantes de las fuerzas de seguridad y las manifestantes. Como haya sido, la colocación de vallas para muchas mujeres era una provocación innecesaria del gobierno, con el argumento de satanizar la protesta y calificarlas como violentas y vándalas. Se debe proteger los inmuebles históricos y evitar la violencia, de acuerdo, pero el hecho es que hubo represión policiaca al utilizar gases irritantes que causaron irritación en ojos, nariz, garganta y piel de las protestantes. La jefa de Gobierno, Claudia Sheimbaum niega tales hechos represivos. Cierto es que en estas manifestaciones se infiltran células de mujeres radicales no identificadas en movilizaciones anteriores; sin embargo, las supuestas investigaciones gubernamentales nunca ofrecen ninguna explicación de dónde proceden tales células. Es conocido el hecho de que el gobierno utiliza directa o indirectamente este tipo de acciones provocadoras con extremistas para deslegitimar, en este caso, las demandas feministas. En una carta pública, un colectivo feminista echa en cara a AMLO que se proteja más a Palacio Nacional que a las mujeres.

La reconocida periodista y escritora Lidia Cacho señaló que “Ningún presidente había temido tanto a las mujeres mexicanas y la reivindicación de nuestros derechos humanos. Las mujeres somos el pueblo bueno ¿a qué le teme presidente?” Le recordó las promesas que había hecho durante su campaña presidencial respecto de la violencia de género: “¿Se acuerda de cuando en campaña convocó a las feministas y nos dijo que si usted llegaba al poder jamás solaparía a pedófilos, feminicidas y violadores? ¿Que el suyo sería un gobierno para las mujeres o no sería. Se acuerda?” Todo eso parece quedar en el olvido de las promesas demagógicas; una posición propia del pragmatismo u oportunismo del poder.

Con todo y Guardia Nacional, la hiperviolencia social continúa lacerando al pueblo mexicano. En esta política de seguridad pública, el gobierno federal mantiene casi los mismos criterios que las de los gobiernos anteriores. La ola de feminicidios sigue azotando en todo el país dónde cerca de once mujeres son asesinadas al día y 41,3 por ciento ha sido víctima de violencia sexual. Varias veces al año, miles de mujeres salen a las calles exigiendo al Estado protección para sus vidas al grito de “¡Ya basta!”, pero López Obrador responde: “¡Ya Chole!” El presidente no ve con buenos ojos al movimiento feminista, que tiene muchas tendencias, porque es un movimiento propositivo y crítico al gobierno federal, no corporativo. No quiere aceptarlo como un interlocutor social válido y legítimo; lo subestima, lo desprecia y lo minimiza. De otra manera es imposible explicar porque solapa y encubre a los abusadores como Salgado Macedonio.

En artículo muy crítico –Las mujeres rompemos el silencio ante el cinismo de AMLO– publicado por The New York Times, de Guadalupe Nettel, escritora mexicana y activista feminista, afirma contundente que “el presidente de México ha defendido con obstinación la candidatura de un hombre señalado de abuso sexual. Si López Obrador no entiende la lucha feminista, no entiende las luchas sociales y políticas de México… Ante la indiferencia o el cinismo del gobierno, las ciudadanas hemos decidido alzar la voz, romper el silencio, denunciar públicamente una injusticia flagrante para evitar que los políticos misóginos sigan con sus abusos habituales.”

La lucha de las mujeres en México y el mundo por su emancipación del patriarcado capitalista opresor es admirable y requiere mucha organización democrática e independiente del poder. Las mujeres sostienen la mitad del cielo…

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