LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO-https://www.jornada.com.mx/notas/2021/04/13/politica/jose-revueltas-y-la-4t/

El fantasma de José Revueltas se pasea por las avenidas de la 4T. El viejo comunista mexicano, fallecido hace 45 años, ha sido incorporado al panteón del nuevo régimen. Curioso destino para el insumiso e inclaudicable escritor rebelde.

Las Islas Marías –anunció el presidente Andrés Manuel López Obrador– dejaron de ser prisión y está en proyecto convertirlas en un centro de educación ambiental que llevará el nombre de Muros de Agua, en homenaje a la novela y a ese gran escritor revolucionario que fue José Revueltas.

“¡Imagínense qué pensaría José Revueltas sobre este proyecto llamado como su novela Muros de agua!”, declaró el pasado 13 de marzo.

No es la única referencia del mandatario sobre el duranguense. En conferencia de prensa el 5 de marzo, citó un poema de Efraín Huerta dedicado a Revueltas y a Enrique Ramírez y Ramírez, el político y periodista que sucumbió a las mieles del poder, que dice: “A mis /Viejos / Maestros / De Marxismo / No los puedo entender: / Unos están / en la cárcel / Otros están / En el Poder”.

El Presidente echó mano del poema para criticar a Roger Bartra (imparable en su deriva derechista) y encomiar a Enrique Semo. David Huerta (hijo de Efraín) y Verónica Murguía se inconformaron con el comentario presidencial y lo acusaron de darle un uso sesgado al verso (https://bit.ly/2Qi5utC).

El de Revueltas no es un caso aislado. La 4T ha reivindicado como parte de sus orígenes a una larga lista de luchadores políticos y sociales de distintas épocas. El recurso no es nuevo. Atribuirse el legado de próceres patrios o de pensadores relevantes es un procedimiento usual al que echan mano diversos proyectos políticos para construir su legitimidad.

El autor de El luto humano murió ha­ce casi medio siglo y tanto el mundo como el país en el que él vivió han sufrido grandes transformaciones. Fiel siempre a sus concepciones, sin abandonar nunca el marxismo como guía para la reflexión y la acción (el saber de nuestra época, decía Jean Paul Sartre), su actividad militante nunca siguió una línea recta. Caminó por diversas veredas, no dudó en desandar las calzadas andadas y se zambulló de lleno en sus compromisos militantes. Por más intentos que la 4T haga para recuperarlo para su causa, es muy difícil suponer que, de seguir vivo, se habría comprometido con ella, a pesar de que algunos de sus compañeros y discípulos lo han hecho.

Las ideas-fuerza de Revueltas sobre el papel mistificante del nacionalismo revolucionario, la independencia de cla­se, la lucha contra el capitalismo y la enajenación, la necesidad de un partido marxista histórico, su reivindicación de la autogestión, vuelven muy improbable una hipotética colaboración entre el duranguense y la 4T.

Hay que forzar mucho su pensamiento y militancia para presentar al autor de México: una democracia bárbara co­mo antecedente de la actual administración. Él se distanció por completo de la mansedumbre de la torre de marfil de la intelligentsia y de cualquier complacencia con el poder. Siempre vivió como comunista. El intelectual –precisó a Margarita García Flores– “es un crítico por naturaleza. Es la crítica misma. Nació para la crítica. Es autocrítica y crítica del Estado”. Encarrerado, a Raúl Torres le confesó: “Yo, en lo personal, no sólo sería oposicionista en este régimen, sino también en un país socialista”.

Desde su juventud, su horizonte teórico fue el socialismo científico. En 1968, afirmaba: “Soy marxista-leninista y, por ende, dialéctico materialista, y lucho por la creación de verdaderos partidos de la clase obrera. Siempre fui antiestalinista, fuera de un pequeño periodo. Yo no hago sino seguir los principios de Marx expuestos particularmente en los escritos filosóficos anteriores a 1844” (que leyó en una traducción de Alice Rhüle-Gerstel publicada en 1938).

Revueltas nunca estuvo de acuerdo en las luchas por transformar el Estado desde dentro. Cuando le preguntaron si creía en ellas, respondió que han sido una gran mentira. “La revolución –puntualizó– no es la autonegación de lo existente, sino que combate lo existente desde fuera para aniquilarlo y hacerlo polvo; si no, no es revolución”. En esta dirección, señaló: “Creemos que hay que hablar en términos radicales y absolutos. Una sociedad no puede ser modificada por las brechitas”. Y añadió: “yo no cederé hasta el último momento de mi vida”.

El autor de Ensayo sobre un proletariado sin cabeza no guardaba ilusión alguna sobre la naturaleza del Estado moderno mexicano, “que no puede renunciar a la mistificación, pues nace, como tal Estado, de su automistificación en 1917, Congreso y Carta Magna.” Esa mistificación se mantiene hoy día.

Revueltas tenía en muy alta estima La sagrada familia, de Carlos Marx y Federico Engels. “Las exigencias de abandonar sus ilusiones sobre su condición es la exigencia de abandonar una situación que necesita ilusiones”, escribieron los clásicos en un párrafo de este libro, clave para leer la actual 4T y el mar de ilusiones que la rodean.

El 15 de abril de hace 45 años, en el Panteón Francés, se efectuó el sepelio de José Revueltas. A él asistió el secretario de Educación Pública. Mientras leía su adocenado discurso al lado de la fosa, Martín Dozal lo interrumpió. “¡No se da cuenta de que no queremos oírlo, señor? Es usted parte del mismo gobierno que persiguió y encarceló a Revueltas”, le espetó. La multitud entonó entonces: “Yo quiero que a mí me entierren / como un revolucionario / envuelto en bandera roja / y con mi fusil al lado”. Ese Revueltas está más allá de la 4T. No cabe en ella.

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