La formación de una corriente democrática

Álvaro Vázquez

Nuestra visión como socialistas

Los marxistas partimos del concepto de la economía mundial –que impera en los mercados nacionales– creada por la división internacional del trabajo, por la división internacional de los saberes y por el mercado mundial, como un poderoso continuum real con vida propia, basado en un desarrollo no uniforme de las fuerzas productivas a consecuencia de un desarrollo no uniforme del proceso histórico. Aunque todo esto se da en medio de un proceso de desigualdades geográficas, históricas, culturales, científicas y técnicas en todos los países, nos permite aprehender
las diferencias peculiares, que por muy abstractas o minúsculas que sean, brotan a la superficie en la interacción del proceso de lucha del proletariado por el poder político y la teoría de la revolución permanente, pues es en la práctica misma donde ésta no perdona el menor error teórico.
Nosotros los marxistas sabemos bien lo que es y significa el Estado. No es un ente neutro ni pasivo en los procesos económicos, como se lo piensan los cómplices del estado burgués sean neoliberales, populistas, progresistas o socialdemócratas. El poder público puede desempeñar un poderoso papel reaccionario o progresivo, según la clase en cuyas manos caiga. A pesar de todo, el estado es un arma de orden superestructural; orden al que también pertenece la revolución proletaria.
El modelo de acumulación neoliberal
Si el capital no puede desaparecer el trabajo asalariado es porque éste es la génesis de toda plusvalía y ganancia de la clase dominante, pero principalmente porque el capital es una relación social. Entonces la política de austeridad y de ajustes neoliberales –sean menores salarios, menor gasto social o mayor desempleo– esencialmente son un problema social.
Esta es su contradicción estructural fundamental puesto que el desempleado no produce la plusvalía que el sistema requiere para superar la crisis capitalista, prevaleciendo el problema social que agudiza la lucha de clases a formas particulares que la situación exige a los trabajadores y a su vanguardia. Por ende, los límites teóricos y prácticos de la austeridad y de los ajustes, siendo inalcanzables, causan sufrimiento a la población trabajadora, retrasando su liberación y, con ello, el de toda la sociedad burguesa patriarcal.
Los ajustes neoliberales están sobre la base, desde las décadas 80 y 90 del siglo pasado, de una política de austeridad y de recortes. El neoliberalismo combatía al keynesianismo –promotor del Estado benefactor– por ser éste el supuesto responsable de destruir la competencia, base de la prosperidad de la ciudadanía, por lo que inició una crítica despiadada contra toda intervención estatal que utilizara mecanismos, o que buscara la regulación, del mercado.
El factor más importante –surgido a inicios de la década de 1970– que determinó la crisis económica, es la caída de onda larga de la tasa de beneficio. Para recuperar ésta se aplican políticas de austeridad y ajuste, como reducción de salarios, precarización del empleo, recortes al gasto social, aumento de la productividad con cargo al empleo, aumento de las tasas de interés para restringir el crédito, entre otras. Sin embargo, esta caída de la tasa de ganancia adquirió una sincronización generalizada en pleno proceso de internacionalización del capital, por lo que la solución deberá ser a escala planetaria o en una serie sincronizada de países industrialmente avanzados y de países dependientes, como el nuestro.
Tales ajustes significan austeridad y generan un ahorro que en realidad es acumulación de capital, siempre es a costa del consumo y del nivel de vida de la sociedad, pero con mayor sufrimiento para la clase trabajadora. Es decir, el capital sólo puede superar la crisis a costa de las condiciones laborales y de vida de los trabajadores.

Para ello, las ideas neoliberales determinaron a la desigualdad social como un valor fundamental, a la democracia como un obstáculo, y el origen de la crisis lo encontraron en el enorme poder de los sindicatos y del movimiento obrero en su lucha por mejores salarios y mayor gasto social ya que supuestamente socavan las bases del modelo de acumulación de capital; pero, sobre todo, como resultado de que no se han dejado jugar libremente al mercado y a la crisis para restructurar la producción, desvalorizar la fuerza de trabajo y así recuperar la tasa de beneficio.

La principal lucha neoliberal es contra el aumento del salario y del gasto social, que supuestamente destruyen los beneficios capitalistas, provocan inflación y prolongan la crisis. Así, la solución sería un Estado fuerte – autoritario con discurso librecambrista o incluso antineoliberal– para precarizar el trabajo, destruir el poder de los sindicatos, bajar salarios, aumentar los niveles de explotación, recortar el gasto social, aumentar las tasas de interés para poner restricciones al crédito; y como objetivo central la estabilidad monetaria en base a la disciplina presupuestaria y aumentar la tasa de desempleo para desplomar la masa salarial respecto del PIB, todos esto elementos integran la política recesiva neoliberal.
En suma, toda salida real de la crisis capitalista debe resolver el conflicto capital-trabajo en base al carácter de clase a favor de los trabajadores.

Contexto de incertidumbre económica en plena globalización. Caso de los EE.UU

Luego de un leve repunte de las grandes economías capitalistas en 2017, surgió una desaceleración de carácter bursátil de los mercados, expresada en la caída de la curva de rendimiento. En los EE.UU., tal desaceleración se concretó en 2018-2019, coincidió con el alza a las tasas de interés de la Fed e influida por una pugna comercial entre los EE.UU. y China. En este contexto, con la llegada de la pandemia del Covid 19, esta desaceleración se desplomó a una tendencia recesiva en 2020, evidenciando el carácter cíclico del repunte mencionado. Ello se explica por el efecto espontáneo de los recortes de impuestos al 1% de los grandes capitales en los EE.UU. Aunque estos recortes fueron clave, no afectaron la naturaleza de debilidad del repunte. Peor aún, la mayoría de las ganancias foráneas de los grandes monopolios de EE.UU. fue consumida en recomprar sus propias acciones, ante un estancamiento de la productividad e inversión, en plena desigual e injusta globalización capitalista.

A la par de la división internacional del trabajo corre una división internacional de los saberes

El aumento de la fuerza de trabajo, de la producción mundial y de los mercados de capitales se desarrollan en base a una división internacional de trabajo en un proceso de desigualdades geográficas. Es decir, un desarrollo no uniforme de las fuerzas productivas vinculado a una dialéctica de un desarrollo no uniforme del proceso histórico. A la par de la división internacional de trabajo, corre la división internacional de los saberes, sean éstos culturales, científicos e históricos. Ambas divisiones se explican por la misma ley del desarrollo desigual y combinado. Dichos procesos se determinan y redimensionan mutuamente por una serie de factores específicos: el desarrollo técnico de la industria y la agricultura; el desarrollo científico, tecnológico y cultural y sus diversas instituciones; las diferencias cualitativas entre el campo y la ciudad, la abundancia o deficiencia en los bienes naturales en una desigualdad geográfica e injusta, entre otras. Y en estos movimientos, la clase trabajadora de la educación juega un rol determinante, como sector iminentemente intelectual que actúa en el corazón del proceso del aprendizaje de las masas populares y es responsable de que niños y jóvenes tomen en sus manos el proceso de su propio aprendizaje individual y colectivo, socialmente significativo.
Para decirlo con claridad, el lugar que organismos como la OCDE asignan al proceso de aprendizaje de los países dominados en la división internacional de los saberes es la de ajustarlos en la división internacional del trabajo para privilegiar una evaluación dogmática sobre lo pedagógico con el fin de garantizar inmejorables condiciones para que el modelo de acumulación de capital explote y extraiga el máximo de plusvalía – cuando los jóvenes se integren al proletariado– con el mínimo gasto de producción.

Consecuencias para los países dependientes Caso México y sus particularidades “nacionales”

Para los países dependientes, como el nuestro, la política comercial de los EE.UU. es de gran importancia porque representa la cuarta parte de la economía mundial – entre las de Europa Unida y China suman más del 33%– y porque sus movimientos económicos afectan a los países industrialmente avanzados, y con mayor fuerza y de manera duradera a países dominados como México en el intercambio comercial e inversión, entre otros. El estancamiento crítico del capitalismo matriz es de largo aliento y se ha extendido a escala universal, con duras consecuencias para los pueblos en general y para el proletariado en particular de países dominados, como México.

La tragedia del pueblo trabajador mexicano frente a López Obrador

Esto es así porque nuestros gobiernos en realidad son burgueses, aunque estén de moda y se llamen populistas, nacionalistas o progresistas de derecha o izquierda, esencialmente porque preservan por abajo a la sociedad capitalista de posibles estallidos sociales, pero principalmente de las luchas obreras como la huelga, todo ello con su cinismo y vulgar ambición del poder a cualquier costo, violando sus propias reglas de la democracia del dinero, o sea, burguesa.

López Obrador sólo es uno más de ellos, con la peculiaridad de que muestra un desprecio y un temor a las clases populares a que éstas confíen en sus propias fuerzas y se movilicen y adquieran experiencia y confianza para luchar por su liberación e independencia política del régimen burgués, de su estado, de los partidos millonarios registrados y de la burguesía explotadora, socia menor del capitalismo financiero foráneo.

En efecto, el de López Obrador como un gobierno neoliberal peculiar que es, está cobrando los costos de esta crisis vía mayores ataques a las condiciones de vida de los más explotados, violando los derechos laborales, desempleando y precarizando a los de más bajos ingresos y más vulnerables, sobre todo a las mujeres.

Este ataque incluye reformas laborales, educativas, recortes a seguridad social, ciencia y educación y al gasto público. O como en el caso del aumento al salario mínimo cuya aplicación quedó en mera demagogia frente al poderoso ejército de burócratas sindicales, contratos blancos, outsourcing y una secretaría incapaz del Trabajo. O como la austeridad y omisión criminales frente a la catástrofe de muertos de Obrador por la pandemia, cuyas víctimas son cientos de miles de los mexicanos que eran de los más necesitados. O un aumento al salario mínimo que no permite una pensión digna, y mucho peor es que al jubilarse caen en las garras del robo más grande del siglo de Peña Nieto-Obrador: que en el caso es del pago de jubilaciones en UMA’s, con un valor menor a los mínimos constitucionales, en flagrante violación a una infinidad leyes de la Constitución

La dirección de la CNTE muestra signos de claudicación ante Obrador

Los dirigentes de la CNTE que han claudicado ante el régimen de Obrador usan como moneda de cambio la lucha histórica y ejemplar de las bases magisteriales de todo nuestro país para cotizarse como experimentados conciliadores y por mayores dádivas económicas o prerrogativas electorales. Por eso, no fue tan tonto Obrador cuando eligió a Oaxaca como el principal bastión para su política de cooptación y descarrilamiento de las tareas históricas de la CNTE. Pero no sólo. La maniobra de estos líderes burócratas dejó sin plan de acción a las masas magisteriales, abandonados a la suerte sus propias fuerzas y a tomar en sus manos el despliegue de todo el potencial de los y las maestras llamando a otros sectores de trabajadores universitarios, de la salud, federalizados, burócratas al servicio del estado y privados, entre otros.

Una salida democrática, revolucionaria e internacionalista

La política antisindical, antiobrera y antipopular de arrasamiento y de cooptación de Obrador, con apenas un transparente velo de corte neoliberal, contra los derechos laborales, democracia sindical, independencia y libertad sindicales, los derechos por la tierra, el agua, el ambiente y la vida está atada a la zanahoria en espera de la oficialización del pacto de estabilidad social con los burócratas sindicales para el control político de las masas trabajadoras y populares vía caridad populista para mantenerlos en la pasividad y contemplación.

La rebelión de las bases de la CNTE avizora posible surgimiento de una corriente democrática

Nosotros los socialistas revolucionarios debemos desatar en la movilización y en la huelga general en las calles toda la energía creativa y radical de las masas trabajadoras, oprimidas y desposeídas. De lo contrario el único beneficiado seguirá siendo Obrador, y su camarilla Bartlett, Monreal, Durazo, Salgado, y más atrás Sheinbaum. En esto no hay engaño de estos líderes colaboracionistas, hay autointoxicación. El proceso de degradación no lo inventó Obrador, viene de largo aliento en varios estados para obtener, mediante la táctica-maniobra de M-N-M, recursos en especie o dinero o plazas laborales o puestos de proporcionalidad en las secciones estatales para dirigentes ad hoc.


En conclusión, los colmilludos burócratas ya no cambiarán su naturaleza; al contrario, serán un baluarte de Obrador para confundir, desactivar, cooptar, descarrilar a las bases magisteriales. Son auténticos posmarxistas que han transformado su táctica M-N-M por otra de C-N-C. Toca el turno, pues, a los maestros rebeldes deshacerse de esta camisa de fuerza de claudicación-negociación-colaboración y avanzar a fortalecer la tendencia a conformar una corriente democrática y revolucionaria desde las bases de la CNTE y abrirla a otros sectores de trabajadores con el objetivo de la conformación del frente único de trabajadores para organizar e implementar la huelga nacional.


17 de junio de 2021

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